domingo, 10 de mayo de 2015

Recuerdos de primaria

Una de las experiencias que recuerdo de mi estancia en la etapa de Primaria, fue la del respeto y disciplina, por decirlo de alguna forma, que teníamos durante las clases.

Es verdad que veníamos de unas etapas en las que nuestros padres fueron aquellos que eran castigados en un rincón sujetando un libro con cada mano, o los pegaban con una regla de madera, cosa que a mi parecer me parece excesiva. Pero, nosotros, cuando entraba un profesor por la puerta siempre, dependiendo del profesor, nos sentábamos y guardábamos, no un silencio sepulcral, pero sí un silencio considerable. Recuerdo que un profesor estaba tardando en venir, y, claro, como niños que somos, pues formamos jaleo, pero fue entrar el profesor de la clase de enfrente por la puerta y quedarnos todos rectos y sentados sin abrir la boca ni para preguntar que dónde estaba el maestro que tanto tardaba.

Hoy en día, y siempre hay excepciones, ese respeto y “disciplina”, casi se ha perdido. Muchos alumnos no hacen caso al maestro y, en algunas ocasiones, incluso se mofan de él. La mayoría de las clases, en un alto porcentaje, se consigue trabajar bien, sin apenas problemas, siempre tiene que haber alguno, pero ese respeto por la figura del profesor se ha perdido, no en su totalidad, pero sí en gran medida.

Con esto yo no digo que tengamos que volver a los castigos físicos para que los niños aprendan, y que ese refrán de “la letra con sangre entra” se ha quedado muy anticuado, pero sí que deberíamos plantearnos algún método, o llevar una serie de pautas para que los niños sigan viendo en el profesor a ese modelo y no como un dictador, pero sí como una figura de autoridad que es, y que se le respete al igual que él respeta a la clase. ¿Tú qué opinas?

Marcos de los Reyes Corcuera. 
Estudiante de la Facultad de Educación de Toledo

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