miércoles, 6 de mayo de 2026

Entre la tiza y las pantallas: dos miradas a la escuela


En clase llevamos semanas reflexionando sobre cómo la tecnología ha transformado la educación: las TIC, la sociedad de la información, la velocidad con la que circulan los datos, la competencia digital… Todo esto aparece en el Tema 1 como si fuera algo inevitable, casi natural, como si la escuela siempre hubiera funcionado así. Pero me he dado cuenta de que, para entender de verdad este cambio, necesitaba algo más que definiciones teóricas. Necesitaba mirar la educación desde un lugar más cercano, más humano y más real. Ahí fue cuando se me ocurrió esta idea.
Pensé que, si quería comprender cómo han cambiado las aulas con la llegada de las pantallas, tenía que escuchar a quienes han vivido la escuela desde dentro, pero en momentos muy distintos. Por un lado, mi abuelo, que fue maestro durante más de cuarenta años en una época en la que la tecnología no formaba parte del aula ni de la vida cotidiana. Su escuela era la de la tiza, la pizarra verde, los cuadernos de caligrafía y los dibujos hechos a mano. Una escuela donde la memoria, la disciplina y la cercanía con las familias eran fundamentales.
Y por otro lado, una maestra actual, Sara Jiménez, que trabaja cada día en un aula donde las pantallas, las plataformas digitales y los recursos interactivos forman parte del día a día. Una escuela donde los niños aprenden rodeados de estímulos visuales, donde las familias esperan fotos de cada actividad y donde la tecnología abre posibilidades, pero también plantea nuevos retos.
Decidí entrevistar a ambos porque quería ver ese contraste con mis propios ojos: cómo se enseña sin pantallas y cómo se enseña con ellas; qué se ha ganado, qué se ha perdido y qué permanece igual. Dos generaciones, dos escuelas y dos formas de entender la enseñanza que, aunque parezcan opuestas, forman parte de la misma historia educativa.
Esta entrada es mi manera de entender mejor cómo ha cambiado la educación desde dentro, comparando dos miradas que, aunque muy distintas, se complementan.
 
ENTREVISTA A MI ABUELO: La escuela sin pantallas
Cuando me senté a hablar con mi abuelo, el objetivo inicial de la entrevista era claro: reflexionar sobre el uso de las pantallas en el aula y comparar su experiencia como maestro con la escuela actual. Sin embargo me di cuenta de que limitarme solo a las pantallas era casi empobrecer todo lo que su historia podía enseñarme. Escucharle hablar de su vida, de sus alumnos y de la forma en que entendía la educación me hizo ver que, en realidad, la pregunta de fondo no era únicamente si las pantallas son buenas o malas, sino qué tipo de relación queremos construir entre maestro, alumno y conocimiento.
Mi abuelo, Emiliano González Gómez, tiene 84 años y fue maestro durante más de cuatro décadas. Su historia como docente comienza en 1961, cuando llegó a la escuela rural de Palomarejos, una pequeña escuela de Talavera de la Reina donde la vida giraba alrededor del campo, las familias y el trabajo duro. Allí, en un aula única con pupitres de madera y una pizarra que ocupaba casi toda la pared, se encontró con un reto que hoy resulta difícil de imaginar: enseñar a niños y niñas de entre seis y doce años, todos juntos, todos con él como único maestro, todos avanzando a ritmos distintos, pero compartiendo el mismo espacio.
Mi abuelo y sus alumnos:


Mi abuelo me contó que en su época no existía nada parecido a la tecnología actual. No había proyectores, ni ordenadores, ni tablets, ni vídeos, ni plataformas educativas. La enseñanza se sostenía sobre tres pilares: la tiza, la pizarra y el libro. Pero lo que más me impresionó no fue la ausencia de pantallas, sino la presencia de su propio esfuerzo. Me enseñó un cuaderno que aún conserva, con dibujos hechos a mano: el sistema digestivo, el corazón, el cerebro, las partes de una planta, mapas hechos por él.... Aquellos apuntes eran su forma de suplir la falta de recursos visuales. Dibujaba órganos, esquemas, mapas, animales, figuras geométricas. Preparaba explicaciones a mano, copiaba textos, redactaba ejemplos. Lo hacía por las noches, después de un día entero en el aula, para que sus alumnos pudieran visualizar lo que él explicaba. Era su manera de evitar que todas las clases fueran iguales y de mantener viva la curiosidad de los niños.
 Ejemplos de sus cuadernos:


En un tiempo sin imágenes impresas, sin vídeos explicativos y sin acceso inmediato a la información, la creatividad del maestro era el recurso más valioso. Él mismo lo resumió diciendo que, si no existían materiales, había que inventarlos. Y eso hacía: inventar, adaptar, dibujar, explicar de mil maneras distintas hasta que todos entendieran. Su enseñanza no dependía de herramientas externas, sino de su capacidad para transformar una idea en algo visible, comprensible y cercano.
Cuando hablamos de las pantallas en el aula, su mirada cambió. No desde el rechazo, sino desde la distancia de quien ha vivido otra manera de enseñar. Me dijo que él no sabría usar nada de eso, pero que entendía que ahora es necesario. Los niños viven rodeados de estímulos digitales, de información constante, de imágenes que cambian cada segundo. Para él, el problema no es la tecnología en sí, sino la velocidad. Antes no había distracciones. La atención se entrenaba porque no había otra opción. La memoria era fundamental, no como castigo, sino como herramienta. Los niños se sabían las tablas, los ríos, las capitales, las oraciones… todo de memoria. Y el libro era la única fuente de conocimiento. Si algo no aparecía en él, simplemente no existía.
Sin embargo, también reconoció que una pizarra digital le habría permitido explicar mejor algunas cosas. Que un vídeo del corazón latiendo o una animación del sistema solar habría sido un recurso maravilloso. Pero insistió en que, incluso sin pantallas, se podía enseñar mucho. La clave estaba en la dedicación del maestro, en su capacidad para adaptar, crear y explicar. La tecnología, según él, es una ayuda, pero no sustituye la esencia de la enseñanza.
Hubo algo que me gustó especialmente: la relación entre la escuela y las familias. Mi abuelo me contó que muchos padres de Palomarejos eran analfabetos o apenas sabían firmar. No tenían recursos, no entendían los trámites y, en muchos casos, no sabían cómo ayudar a sus hijos a seguir estudiando. Él se ocupaba de todo, rellenaba matrículas, gestionaba becas, hacía el papeleo para que los niños pudieran ir al instituto en Talavera, explicaba a las familias qué significaba cada documento y, cuando era necesario, iba casa por casa para convencer a los padres de que dejaran a sus hijos continuar con los estudios en lugar de sacarlos al campo. Aquello no formaba parte de su horario ni de su contrato, pero sí de su manera de entender la educación: como un compromiso con el futuro de cada niño, más allá de lo que ocurría dentro del aula.
Esa parte de su historia me hizo pensar en cómo la escuela ha sido siempre un reflejo de la sociedad. En su época, la desigualdad era tan evidente que el maestro tenía que convertirse también en mediador, orientador y, en cierto modo, defensor de las oportunidades de sus alumnos. Hoy, aunque la situación ha cambiado, seguimos hablando de brechas: brecha digital, brecha de acceso, brecha de acompañamiento familiar. La diferencia es que ahora contamos con herramientas, recursos y políticas que antes no existían, pero el reto sigue siendo el mismo: garantizar que todos los niños tengan las mismas oportunidades.
Mientras le escuchaba, me di cuenta de que la escuela de hoy no podría existir sin la de antes, igual que la de mañana no podrá existir sin la de hoy. La tecnología ha transformado la enseñanza, pero no ha sustituido lo esencial: la relación humana, la capacidad de acompañar, la responsabilidad de educar. Su relato me recordó que la educación no es solo un conjunto de herramientas, sino una forma de mirar al otro, de creer en su potencial y de ayudarle a crecer.
Como futura docente, esta entrevista me ha hecho pensar en mi propio papel. Me ha recordado que la tecnología es una herramienta poderosa, pero que no puede reemplazar la dedicación, la creatividad ni la sensibilidad del maestro. Me ha hecho valorar la importancia de la calma, de la paciencia y de la humanidad en un mundo que va cada vez más deprisa. Y, sobre todo, me ha hecho sentir que la educación es un puente entre generaciones: entre la tiza y el algoritmo, entre la escuela de mi abuelo y la que yo viviré, entre lo que fuimos y lo que seremos.
Creo que, al final, esa es la verdadera esencia del cambio educativo, no elegir entre lo antiguo y lo nuevo, sino aprender a unirlos. Conservar lo que nos humaniza y aprovechar lo que nos impulsa. Escuchar a quienes enseñaron antes que nosotros y atrevernos a enseñar de otra manera. Y, sobre todo, recordar que, con pantallas o sin ellas, la educación sigue siendo un acto profundamente humano.
 
ENTREVISTA A SARA: La escuela de las TIC
Por otro lado, para poder comparar de verdad la escuela de antes con la de ahora, realicé también una entrevista a una maestra de Educación Primaria en activo. Quería ver cómo vive hoy un docente rodeado de pantallas, plataformas digitales, familias conectadas a todas horas y un alumnado que ha nacido prácticamente con un dispositivo en la mano. Me interesaba contrastar la mirada de mi abuelo, un maestro jubilado que enseñó sin tecnología, con la de alguien que trabaja cada día en un aula donde la tecnología forma parte del día a día. La persona que entrevisté fue Sara, maestra de 56 años y tutora de 4º de Primaria en un colegio de Talavera de la Reina.
Sara lleva más de treinta años enseñando y ha vivido la transición completa: empezó cuando la informática apenas entraba en los centros y ahora trabaja con pizarras digitales, tablets, plataformas educativas y aulas virtuales. Dice que, aunque al principio le costó adaptarse, hoy no se imagina dar clase sin ciertos recursos tecnológicos. En su aula utiliza la pizarra digital para proyectar vídeos, esquemas, mapas interactivos o ejercicios. También usa plataformas donde los alumnos entregan tareas, consultan materiales o realizan actividades personalizadas.

Sin embargo, no idealiza las pantallas. Me explicó que, aunque ayudan muchísimo, también tienen su parte complicada. Nota que los niños están tan acostumbrados a lo inmediato que les cuesta mantener la atención cuando algo no se mueve o no cambia de color. A veces, cuando hace una explicación más tradicional, ve cómo algunos se inquietan, como si les faltara “algo que pase en la pantalla”. Me dijo que, en ocasiones, tiene que recordarles que aprender no siempre es ver un vídeo o hacer clic, que también hay que escuchar, pensar, escribir, equivocarse y volver a intentarlo.
Me puso un ejemplo muy concreto: hace poco hicieron un experimento de ciencias con materiales sencillos. Ella estaba tan metida en la actividad que no hizo fotos. Esa misma tarde tenía varios mensajes de familias preguntando si al final habían hecho el experimento, porque no habían visto nada en la plataforma. Me confesó que le sorprende mucho esa necesidad constante de documentarlo todo, como si lo que no se fotografía no hubiera ocurrido. A veces bromea con sus compañeras diciendo que parece que, si no hay foto, no existe. Y reconoce que esa presión por “mostrar” puede llegar a agobiar, porque la clase no es un escaparate: es un espacio vivo, donde no todo puede ni debe convertirse en contenido para las familias.
La conversación sobre las familias siguió por ahí. Me explicó que la relación ha cambiado muchísimo. Antes, según ella, la figura del maestro se respetaba casi automáticamente. Hoy, en cambio, la comunicación es más constante, más directa y, a veces, más exigente. Las familias participan más, preguntan más, opinan más. Esto tiene un lado positivo ya que hay más colaboración y más seguimiento del aprendizaje. Pero también puede generar tensiones cuando las expectativas no coinciden o cuando se cuestiona el criterio docente. Aun así, Sara intenta mantener siempre un trato cercano y claro, porque sabe que la educación es un trabajo compartido.
Le pregunté cómo se siente enseñando en un mundo donde los niños crecen rodeados de pantallas. Me dijo que, aunque a veces es un reto, también es una oportunidad. Los alumnos de hoy tienen una capacidad enorme para aprender a través de lo visual, lo interactivo y lo digital. Pero necesitan a un guía. Necesitan aprender a usar la tecnología con responsabilidad, a distinguir información fiable de la que no lo es, a no depender de la pantalla para todo. Para ella, ese es uno de los grandes retos de la escuela actual: enseñar a convivir con la tecnología sin que esta sustituya la curiosidad, el pensamiento crítico o la capacidad de esfuerzo.
Mientras hablábamos, no pude evitar comparar su visión con la de mi abuelo. Él enseñó en un mundo sin pantallas, donde la memoria, la disciplina y la creatividad manual eran esenciales. Ella enseña en un mundo donde la información es infinita, pero la atención es frágil. Él dibujaba a mano los órganos del cuerpo para que sus alumnos pudieran entenderlos. Ella proyecta animaciones en 3D. Él rellenaba matrículas y becas para que los niños pudieran estudiar. Ella se comunica con las familias por las plataformas digitales. Él tenía que convencer a los padres de que dejaran a sus hijos estudiar. Ella, a veces, tiene que convencerlos de que no pasa nada si una actividad no tiene foto. Y, sin embargo, los dos coinciden en lo esencial: la tecnología puede cambiarlo todo, pero no puede reemplazar la humanidad del maestro.
Al terminar la entrevista, tuve la sensación de haber escuchado dos voces que, aunque separadas por más de medio siglo, hablan del mismo oficio. La escuela ha cambiado, la sociedad ha cambiado y los recursos han cambiado. Pero la esencia sigue siendo la misma: acompañar, enseñar, escuchar, guiar. Mi abuelo representaba la escuela de la tiza; Sara representa la escuela de las tecnologías. Y, entre ambos, se dibuja el camino que yo quiero recorrer como futura docente.

REFLEXIÓN FINAL
Cuando terminé las dos entrevistas, me di cuenta de que esta entrada del portafolio había acabado siendo mucho más importante de lo que imaginaba al principio. Mi idea inicial era simplemente comparar el uso de las pantallas en el aula entre un maestro jubilado y una maestra actual, pero al escucharles hablar entendí que detrás de esa comparación había algo mucho más profundo, dos formas de vivir la educación, dos épocas completamente distintas y, aun así, un mismo oficio que sigue teniendo el mismo sentido.
Hablar con mi abuelo fue como viajar a una escuela que ya no existe. Una escuela sin pantallas, sin internet, sin fichas impresas, sin vídeos… donde todo dependía del maestro. Me impresionó mucho ver sus cuadernos antiguos, con dibujos hechos a mano del cuerpo humano, de mapas, de plantas… y pensar que eso lo hacía él por las noches, después de estar todo el día en clase. También me impactó cómo se implicaba con las familias: rellenaba matrículas, pedía becas, explicaba papeles que los padres no entendían porque muchos no sabían ni leer. Siempre confiaban en él. Me hizo pensar que antes la figura del maestro tenía un peso enorme, no solo dentro del aula, sino en la vida de la gente.
La entrevista con Sara, en cambio, me enseñó cómo es la escuela de hoy. Ella trabaja rodeada de pantallas, plataformas, pizarras digitales y un alumnado que aprende de otra manera. Me contó cosas muy concretas que me hicieron ver lo diferente que es todo ahora: por ejemplo, que cuando hacen una actividad en clase, si no sube fotos a la plataforma ese mismo día, ya tiene mensajes de familias preguntando si “al final lo hicieron”. Me dijo que a veces siente que si no hay foto, parece que no ha pasado nada. Eso me hizo pensar en cómo la tecnología no solo ha cambiado la forma de enseñar, sino también la forma en que las familias viven la escuela.
Y aquí es donde empecé a reflexionar más a fondo sobre las TIC. Porque, escuchando a los dos, entendí que la tecnología tiene ventajas enormes, pero también inconvenientes que a veces no vemos. Por un lado, las TIC permiten acceder a recursos increíbles, explicaciones visuales, actividades interactivas, materiales adaptados… y eso puede hacer que los niños entiendan mejor y se motiven más. También ayudan a personalizar el aprendizaje y a que cada alumno avance a su ritmo. Pero, por otro lado, también pueden generar distracciones, dependencia, impaciencia y una necesidad constante de inmediatez. Y, además, pueden crear desigualdades entre quienes tienen más recursos en casa y quienes no. Me di cuenta de que la tecnología no es buena ni mala por sí misma: depende del uso que hagamos de ella y del equilibrio que sepamos encontrar.

Pero lo que más me llamó la atención es que, aunque sus realidades son completamente distintas, tanto mi abuelo como Sara coinciden en lo esencial. La tecnología puede ayudar muchísimo, pero no puede sustituir la figura del maestro. Ni la paciencia, ni la creatividad, ni la forma de acompañar a los alumnos. Eso me hizo pensar que, aunque la escuela cambie, hay cosas que no deberían cambiar nunca.
Esta contribución a la revista es importante para mí porque me ha permitido reflexionar de verdad sobre la educación, no solo desde lo que estudiamos en clase, sino desde las voces de personas que han vivido la escuela desde dentro. Me ha ayudado a pensar en qué tipo de maestra quiero ser, en cómo quiero usar las pantallas y en qué cosas no quiero perder nunca, por mucha tecnología que haya. También me ha hecho ver que la educación cambia, pero que la esencia sigue siendo la misma: acompañar, enseñar, escuchar y creer en los alumnos.
Por eso considero que esta entrada es tan valiosa. No es solo una comparación entre dos entrevistas, sino una forma de entender la educación como un puente entre generaciones. Creo que, al final, eso es lo que más me ha gustado de este trabajo: que me ha permitido unir historias, miradas y experiencias para entender que, con pantallas o sin ellas, la educación sigue siendo un acto humano.
Inés Castañeda González
Educación Primaria 2ºA

La influencia de los dibujos animados en los menores


La mayoría de las personas, yo incluida, hemos pensado que los dibujos animados son inocentes y que se ven claramente los valores que transmiten. 

A través de una de las prácticas que tuve que realizar para la asignatura de Educación y Sociedad, pude darme cuenta de que no es así. 

La práctica trataba sobre seleccionar un dibujo animado, serie o película destinada a menores de 12 años y analizarla desde un punto de vista sociológico. Mi elección para este trabajo fue la película de Bob Esponja. Mientras investigaba artículos que trabajasen esta temática, encontré uno de Molina Chávez, S (2014) en la que analizaba la serie en general y las ideologías que transmitía de una manera que los adultos, y mucho menos los niños/niñas podrían ver. 

La autora señalaba que la serie estaba basada en las ideas marxistas hablando de las diferencias de clases sociales y de cómo el dinero influencia. Estas ideas que al principio no se ven, afectan de una manera inconsciente en la mentalidad de los menores haciéndoles ver de una manera materialista la posesión de dinero. La autora concluía el trabajo con la idea de que la presencia de esta ideología hacía que el dibujo ya no fuera una caricatura inocente. 

A través de esta práctica he podido ver que no todo es lo que parece y, que, aunque crezcamos y seamos adultos viendo este tipo de series, no nos damos cuenta de la realidad que puede contener. Al estar presente de una manera que no se puede percibir a simple vista una ideología donde separa la clase en burguesía como la clase dominante y el proletariado como la clase dominada contradice el hecho del respeto mutuo. También enseña a los niños/niñas a ser conformistas y que solo importa el poder adquisitivo. 

Como futura docente, debo de ser consciente del peligro y el tipo de valores que pueden incluir las series que son destinadas a los menores y ver cuáles son adecuadas para ellos/ellas o no. 

Elena Stefanescu, estudiante de 2º de Magisterio de Educación Primaria, 2A. 

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y SU IMPACTO EN LA EDUCACIÓN

Hoy en día utilizamos dispositivos electrónicos para cualquier tipo de finalidad, ya sea para escribir mensajes, pasar nuestro tiempo libre en las redes sociales o viendo películas o series, buscar todo tipo de información, para trabajar, entre otros.

Aunque la Inteligencia Artificial está avanzando, influye en nuestra sociedad, pero ¿de manera positiva o negativa? Si miramos más allá, concretamente en el ámbito educativo podemos cuestionarnos “la pregunta del millón”: ¿la IA sustituirá la figura del docente? Es cierto, que podemos preguntarnos si verdaderamente seremos sustituidos por esta herramienta, pero es importante tener en cuenta que la IA debe ser un recurso que solamente puede guiar el proceso de enseñanza-aprendizaje tanto al alumnado como al profesorado.

Vivimos en una sociedad donde obtenemos la información al instante. Lo cual puede llevar a la persona a pensar que la escuela ya no es el único espacio donde se puede adquirir conocimientos, pero en realidad estamos equivocados. Aun así sigue siendo el lugar donde el alumnado tiene la oportunidad de aprender valores y a tener pensamiento crítico por sí mismo, es decir, aprende a ser un ciudadano o ciudadana en sociedad. 

Personalmente, considero que la educación se consigue verdaderamente cuando un docente es capaz de conectar con su alumnado, conociendo sus intereses y siendo empático. Partiendo de esta base se podrían desarrollar metodologías acorde a ello y fomentaría la motivación y el pensamiento crítico. De esta manera, el o la docente estaría gestionando la inteligencia emocional de cada estudiante, respetando sus características individuales. Es por ello, que esta última función no la podría replicar una máquina, como la IA. La tecnología puede personalizar el aprendizaje técnicamente, pero jamás podría sustituir el rol docente, porque solo él o ella es capaz de dar sentido social y ético a ese aprendizaje.

Para concluir, la solución no es prohibir la Inteligencia Artificial en educación, sino que es necesario capacitar al alumnado a hacer un uso correcto y responsable de esta herramienta. Por esta razón, tenemos que ser conscientes y pensar que la tecnología debería ser un apoyo para realizar tareas diarias y nada más. En cambio, una función que nunca podrá sustituirse por una IA y que es propia de un maestro o maestro es acompañar y motivar a cada estudiante en su proceso de enseñanza-aprendizaje.

Irene Xiangcong Rodríguez Cabo. 2º E. P (GRUPO A).

martes, 5 de mayo de 2026

La brecha digital como desafío educativo del siglo XXI

Hoy en día, la tecnología forma parte de nuestra vida diaria. En la educación, usamos ordenadores, móviles e internet para aprender. Pero no todas las personas tienen las mismas oportunidades para usar estas herramientas.

A esto se le llama brecha digital, que significa que hay diferencias entre quienes tienen acceso a la tecnología y quienes no. Este problema afecta directamente a la educación y a la sociedad.

La educación debería ayudar a que todas las personas tengan las mismas oportunidades. Sin embargo, la brecha digital hace que esto no siempre sea así.

Por ejemplo, hay estudiantes que no tienen ordenador o buena conexión a internet en casa. Esto hace que no puedan seguir bien las clases online o hacer tareas digitales.

Además, no solo es tener tecnología, también es saber usarla. Algunas personas tienen dispositivos, pero no saben utilizarlos correctamente para aprender.

Por otro lado, la tecnología también tiene cosas buenas. Los vídeos, las plataformas educativas y las herramientas digitales pueden hacer el aprendizaje más fácil y entretenido.

Pero es importante usarlas bien, porque si no, pueden distraer o no ayudar realmente al aprendizaje.

Enlace de un vídeo sobre educación y brecha digital:



Enlace de un vídeo sobre la importancia de la educación digital:



En mi opinión, creo que la tecnología es muy útil en la educación, pero solo si todos pueden usarla de la misma manera.

Es importante que los gobiernos, las escuelas y las familias ayuden a reducir la brecha digital. Por ejemplo, dando acceso a internet y enseñando a usar las herramientas digitales.

La educación debe adaptarse a los cambios de la sociedad, pero sin dejar a nadie atrás.

Bibliografía

  • Abdillah, L. A. (2017). Enriching information technology course materials by using YouTube. arXiv.
  • Fundación Ramón Areces. (2021). Educación y brecha digital tras la pandemia.
  • UNED. (2015). Alfabetización crítica y brecha digital.
  • El País. (2025). Los riesgos del mal uso de YouTube en las aulas

Lucía Guerrero Rodríguez

LA EVOLUCIÓN DE LAS TIC EN EL ÁMBITO EDUCATIVO Y SU PAPEL ACTUAL

Creo que todos estamos de acuerdo en que las nuevas tecnologías y las herramientas digitales poco a poco van ganando terreno en la sociedad en que vivimos. De una manera u otra, cada vez están más presentes en nuestra vida diaria, y por supuesto, también lo están en el ámbito educativo. Pero no siempre esto ha sido así.
Esta incorporación tan “reciente” en las aulas está teniendo un gran impacto en la manera de educar, y no afecta de manera directa solo al alumnado, sino también a los maestros y maestras que les enseñan.
He podido vivir de primera mano toda esta transición tecnológica que se ha llevado a cabo poco a poco en las aulas. Recuerdo que cuando aún estaba en el colegio, no todos mis profesores y profesoras ponían el mismo énfasis en el uso de herramientas digitales. Realmente, en mis primeros años de primaria no se utilizaban prácticamente nada.
Sin embargo, en esto, sin duda alguna, sí destacó un profesor, el orientador del centro concretamente, que estaba más en contacto siempre con estos recursos que nos resultaban tan novedosos, y nos intentaba enseñar a utilizarlos, como la máquina 3D entre otros. Con ello, en mis etapas de estudios posteriores al colegio, sí que han estado más marcadas por las tecnologías, cobrando mayor importancia si cabe a partir de la pandemia del COVID-19.
Además, el ejemplo de mi hermana pequeña, 6 años menor que yo, también nos puede servir para ver esta evolución. Cuando ella y sus compañeros estaban en torno a cuarto o quinto de primaria, empezaron a utilizar tablets en lugar de libros en casi todas las asignaturas, lo cual supuso modificaciones notables en la forma de aprender a la que estaban más acostumbrados.
Así, con el paso del tiempo, se han ido introduciendo las TIC en el día a día de los estudiantes y docentes, y actualmente son herramientas de trabajo bastante relevantes y necesarias, entre las que no debemos olvidar la IA o Inteligencia Artificial. “De tal forma, asistimos a una renovación didáctica en las aulas, donde se pone en práctica una metodología activa e innovadora que motiva al alumnado en las diferentes disciplinas o materias.” (Bonilla, 2014).
De hecho, esta integración de las TIC en educación también queda reflejada en el currículo educativo actual, incluyendo la competencia digital entre las competencias clave que debe desarrollar todo el alumnado. “La competencia digital implica el uso seguro, saludable, sostenible, crítico y responsable de las tecnologías digitales para el aprendizaje” (Gobierno de España, 2022) “para el aprendizaje, el trabajo y la participación en la sociedad” (European Commission, 2018).
Es cierto que las TIC han traído consigo grandes ventajas al sistema educativo también, y son ampliamente conocidas, como el acceso rápido y eficaz a la información, el aumento del interés y la motivación, facilitan la autonomía y la creatividad de los niños y niñas, otorgan mayor facilidad para adaptar los recursos y materiales didácticos al alumnado con Necesidades Educativas Especiales, favorecen un aprendizaje más activo, y otras muchas que se podrían enumerar.
Pero, como es evidente, también presenta algunas desventajas, como la facilidad para distraerse, problemas de adicción a pantallas, falta de formación a docentes, dificultad para saber discernir la información adecuada, usar las TIC de manera responsable… No debemos olvidar que también es un factor que incrementa las desigualdades entre el alumnado, ya que no todos tienen las mismas capacidades para acceder a la conexión con internet o a dispositivos. Según la UNESCO, es fundamental garantizar un acceso equitativo a la tecnología para evitar que la digitalización aumente las diferencias educativas.
Ante esta situación, considero que se deben aprovechar todos los beneficios que nos aporta la tecnología en educación, puesto que han pasado a ser un recurso habitual en este ámbito. Pero esto no quiere decir que ignoremos los inconvenientes que tiene, más bien todo lo contrario: hay que aprender a utilizarlas para conseguir que realmente contribuyan a una buena práctica educativa adaptada a la sociedad en la que vivimos.
    
Bonilla Barbosa, J. H. (2014). Ventajas y desventajas de las TIC en el aula. Revista #ashtag, (4-5), 124–131. https://doi.org/10.52143/2346139X.46
UNESCO (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación. París: UNESCO Reimaginar-juntos-nuestros-futuros-–-UNESCO.pdf
Gobierno de España. (2022). Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria. Boletín Oficial del Estado. https://www.boe.es/eli/es/rd/2022/03/01/157
European Commission. (2018). Key competences for lifelong learning. Publications Office of the European Union. https://doi.org/10.2766/569540

Marina Romo García - Ochoa. 2º Magisterio de Educación Primaria

Así era la escuela y la familia hace 40-45 años

Comparto una entrevista a mis padres sobre cómo era la escuela y la familia hace 40-45 años.
  • Entrevista realizada por mí a dos familiares de generaciones anteriores. El contenido se basa en sus recuerdos y experiencias.
Para comprender mejor cómo han cambiado la educación y la vida familiar en las últimas décadas, he realizado una entrevista a mis padres sobre su infancia. Sus recuerdos muestran una sociedad muy distinta a la actual, marcada por roles muy definidos, una escuela mucho más estricta y una forma de relacionarse marcada por la separación por sexos. A través de sus respuestas se puede ver cómo la educación refleja los valores de cada época y cómo estos han ido transformándose con el tiempo.
  1. ¿Cómo se tomaban las decisiones en casa?
Las decisiones importantes se hablaban entre los dos padres, pero la organización diaria del hogar y la gestión del dinero recaían sobre la madre. Ella era quien controlaba los gastos, organizaba la casa y decidía muchas cuestiones relacionadas con la educación de los hijos. Aunque ambos opinaban, el peso de la responsabilidad doméstica recaía en la madre.
  1. ¿Cómo era el reparto de tareas domésticas?
Las tareas del hogar las realizaba casi siempre la madre: limpieza, cocina, organización y cuidado de los hijos… Los niños ayudaban en momentos puntuales, pero no era algo habitual. En muchas familias, las hijas sí colaboraban desde pequeñas, mientras que los niños apenas participaban, algo que entonces se veía como lo normal.
  1. ¿Quién trabajaba fuera de casa?
El padre era quien tenía un empleo estable fuera del hogar. Algunas madres podían haber trabajado antes de casarse, pero después lo habitual era que se dedicaran exclusivamente a la casa o a trabajos esporádicos, como costura o pequeños encargos. Que ambos trabajaran fuera no era común.
  1. ¿Cómo era la escuela en vuestra infancia?
La escolarización estaba separada por sexos. Chicos y chicas estaban en edificios distintos o en colegios diferenciados por sexo. La educación era más tradicional, se centraba en la disciplina, el respeto y la obediencia. La figura del profesor era de autoridad.
  1. ¿Qué ambiente había en clase?
El ambiente era ordenado y silencioso. No estaba permitido hablar sin permiso y se esperaba que los alumnos permanecieran atentos y quietos. La participación era limitada y la clase se centraba en escuchar al profesor y copiar lo que explicaba.
  1. ¿Cómo era la disciplina?
La disciplina era estricta. Los castigos físicos leves, como un “capón” o un tirón de orejas, eran habituales y se consideraban normales. También se castigaba copiando frases o expulsando del aula. La autoridad del profesorado no se cuestionaba y las familias apoyaban sus decisiones.
  1. ¿Qué asignaturas recordáis con más claridad?
Las materias que impartían eran: Lengua, Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Inglés, Educación Física, Religión, Música y Plástica. Eran asignaturas teóricas que requerían memorización. También recuerdan la importancia de la caligrafía y la lectura en voz alta.
  1. ¿Había actividades extraescolares?
Muy pocas. Recuerdan clases de música o actividades en el recreo, pero fuera del horario escolar no había apenas.
  1. ¿Cómo eran las relaciones con otros niños?
Fuera del colegio las relaciones eran más libres y no había separación entre chicos y chicas. Aun así, la mayoría de las veces se acababa jugando o quedando con los amigos del colegio, y como la escuela estaba separada por sexos, eso hacía que casi siempre se relacionaran con niños del mismo sexo simplemente porque eran los que conocían. Con el tiempo, cuando fueron creciendo y pasaron al instituto, empezaron a conocer a más gente de otros barrios, y eso amplió mucho su círculo social. A través de esos nuevos amigos fueron relacionándose con chicos y chicas por igual.
  1. ¿Qué papel tenía la familia en la educación?
La familia participaba poco, había muy pocas tutorías, normalmente una al año, y no había apenas comunicación con el colegio. Se confiaba plenamente en el profesorado y no se le cuestionaba.
  1. ¿Qué diferencia veis con la educación actual?
Destacan que hoy existe mucha más igualdad entre chicos y chicas. También les llama la atención la presencia de tecnología en el aula, que han cambiado la forma de enseñar y aprender. Ven muy positivo que ahora haya mucha más atención a la diversidad y que se adapte la forma de enseñanza a las necesidades de cada uno. También les parece positivo que hoy se valore más la participación del alumnado y no solo los exámenes.
  1. ¿Qué os sorprende de cómo estudian los niños hoy?
La cantidad de pantallas y recursos digitales que se utilizan en clase, la forma de trabajar en equipo y la libertad para expresar opiniones, debatir y participar. También les llama la atención que se utilicen metodologías más activas y prácticas, donde el alumnado crea su aprendizaje, investiga y colabora, mientras que antes se basaba en memorizar.
  1. ¿Qué creéis que se ha perdido con el tiempo?
Coinciden en que antes había más respeto hacia los profesores y una disciplina más clara dentro del aula. Aunque reconocen que la educación actual es más cercana y participativa, sienten que la autoridad del docente se ha debilitado y que a veces cuesta mantener el orden.
 
Esta entrevista me ha permitido comprender cómo la educación y la familia han ido cambiando en pocas décadas, y cómo estos cambios son los que reflejan la transformación social del país.
Laura Lucero Regalado - 2º Educación Primaria

LA BRECHA DIGITAL

Podemos comparar a la Sociedad de la Comunicación, con la Sociedad de la Información, la cual está centrada en el acceso de información para las personas.
Estas sociedades están marcadas por la evolución de las tecnologías, permitiendo un desarrollo de los procesos enseñanza-aprendizaje más innovador, sin embargo, esta evolución puede crear numerosas desventajas, entre ellas, y la que más destaco son las brechas digitales, las cuales podemos dividir en numerosas categorías según el uso de esta: 
- La de acceso, basada en la diferencia entre las personas que pueden acceder y las que no a las TIC  
- La de uso, basada en las personas que saben utilizarlas y las que no 
- Las de la calidad del uso, basada en las diferencias entre los mismos usuarios.
(Camacho, 2005)
Sin embargo, podríamos clasificarlas de igual manera según el acceso, esto puede ser debido a:
- Recursos económicos, no todas las personas pueden permitirse un aparato tecnológico.
- Geografía, existen numerosos lugares dónde la tecnología no es algo común.
- Edad, los jóvenes tienden a tener más conocimientos que las personas mayores.
- Género, principalmente en los países en desarrollo, dónde las mujeres tienen mayores desigualdades, en el caso de las tecnologías, no iba a ser menos por desgracia.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Óscar Expósito-López. (2025). Brecha digital y envejecimiento en el sector público. Documentación Administrativa
Iker Ramsés Muñoz Sánchez; ikermunozsanchez80@gmail.com

¿La escuela prepara para la vida real o solo para pasar de curso escolar y obtener un título?

 REFLEXIÓN ACERCA DE PREGUNTAS QUE CUESTIONAN LA FORMA DE EDUCACIÓN ACTUAL Y CÓMO INFLUYE EN LA SOCIEDAD

¿La escuela prepara para la vida real o solo para pasar de curso escolar y obtener un título?
En mi opinión, creo que no hace tanto, recientemente años atrás la escuela ha estado centrada en enseñar para aprobar exámenes, es decir, era una educación centrada solo en la preparación de los exámenes o pruebas y no tanto en preparar al alumnado para la vida real fuera de la escuela. Aunque haya habido algunos cambios en estos últimos años en este aspecto, creo que hoy en día en algunos colegios permanece esta forma de educar. No obstante, creo que cada vez se está dando más importancia a un aprendizaje significativo para el alumnado, cambiando así poco a poco las metodologías orientándolas a ese fin.
El problema de educar para simplemente aprobar un examen es que esos contenidos memorizados se olvidan rápidamente después de realizar el examen. Esto mismo he vivenciado yo en mi etapa escolar, por lo que es algo bastante reciente a nuestros días. Como futuros docentes, debemos perseguir y apostar por el cambio hacia nuevas metodologías activas e interactivas.
Debemos recordar que en la vida real no es tan importante acumular contenidos en nuestra cabeza, sino tener habilidades como saber comunicarse, trabajar en equipo o saber tomar decisiones conscientes y lógicas teniendo en cuenta sus consecuencias.
Por ello creo que la escuela debería poner su foco más en desarrollar competencias útiles y prácticas para la vida cotidiana del alumnado. Esto no quiere decir que se dejen de dar contenidos teóricos, pero sí que se les dé una función más práctica y aplicable.
¿Todos tenemos las mismas oportunidades en educación?
Lo cierto es que no todos los alumnos están en las mismas condiciones. Hay muchos factores que diferencian unos alumnos de otros en función de la posición en la que estén, como por ejemplo qué nivel económico tengan, porque si es favorable se podrán permitir clases particulares y tendrán un ritmo de aprendizaje más alto. También influye qué espacios se tengan para estudiar y hacer las tareas, porque no todos cuentan con entornos adecuados para ello. Aquí entra también en qué tipo de familia vive cada uno de los alumnos y qué características tiene cada una de ellas, de si los padres tienen estudios y pueden ayudarles con las tareas o no, por ejemplo.
Estos y muchos otros factores dan lugar a múltiples desigualdades, por lo que no creo que todos tengan las mismas oportunidades en educación. Sí que es verdad que la escuela intenta equilibrar estas desigualdades desde su capacidad, pero tampoco puede cambiar las características personales e individuales de cada uno. Por ello, todo lo que la escuela pueda hacer de su parte, viene bien siempre, ofreciendo apoyos y recursos para atender las necesidades individuales con el objetivo de reducir diferencias.
¿La tecnología mejora realmente el aprendizaje o solo lo cambia?
Es evidente que la tecnología ha transformado la forma de aprender y enseñar, pero esto no quiere decir siempre que se aprenda mejor que la forma tradicional. La tecnología puede ser una herramienta muy útil y puede ser de gran ayuda si se usa con una finalidad y propósito educativo claro.
No obstante, como docentes debemos estar alerta porque la tecnología puede mantener al alumnado distraído o generarles dependencia. Por ello, creo que la clave no está en basar nuestra docencia únicamente en la tecnología, sino en saber cómo usar de forma crítica y responsable. La tecnología no debe cambiar al aprendizaje, sino mejorarlo de una manera complementaria. Si algún día la tecnología cambiara el aprendizaje sería porque nos sustituye a nosotros como docentes, pero creo que si educamos con nuestra faceta emotiva como seres humanos no nos podrá sustituir, a un buen docente la tecnología no lo podrá sustituir por mucho que progrese. Debemos de usarla pero que no se convierta en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, sino usarla en su justa medida.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA APA 7ª EDICIÓN
OECD. (2018). The Future of Education and Skills: Education 2030. OECD Publishing. https://www.oecd.org/education/2030/ 
María Estrella Peñalver Sánchez
2ºA Educación Primaria

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y SU IMPACTO EN LA EDUCACIÓN

Hoy en día utilizamos dispositivos electrónicos para cualquier tipo de finalidad, ya sea para escribir mensajes, pasar nuestro tiempo libre en las redes sociales o viendo películas o series, buscar todo tipo de información, para trabajar, entre otros.


Aunque la Inteligencia Artificial está avanzando, influye en nuestra sociedad pero, ¿de manera positiva o negativa? Si miramos más allá, concretamente en el ámbito educativo podemos cuestionarnos “la pregunta del millón”: ¿la IA sustituirá la figura del docente? Es cierto, que podemos preguntarnos si verdaderamente seremos sustituidos por esta herramienta, pero es importante tener en cuenta que la IA debe ser un recurso que solamente puede guiar el proceso de enseñanza-aprendizaje tanto al alumnado como al profesorado.


Vivimos en una sociedad donde obtenemos la información al instante. Lo cual puede llevar a la persona a pensar que la escuela ya no es el único espacio donde se puede adquirir conocimientos, pero en realidad estamos equivocados. Aun así sigue siendo el lugar donde el alumnado tiene la oportunidad de aprender valores y a tener pensamiento crítico por sí mismo, es decir, aprende a ser un ciudadano o ciudadana en sociedad. 


Personalmente, considero que la educación se consigue verdaderamente cuando un docente es capaz de conectar con su alumnado, conociendo sus intereses y siendo empático. Partiendo de esta base se podrían desarrollar metodologías acorde a ello y fomentaría la motivación y el pensamiento crítico. De esta manera, el o la docente estaría gestionando la inteligencia emocional de cada estudiante, respetando sus características individuales. Es por ello, que esta última función no la podría replicar una máquina, como la IA. La tecnología puede personalizar el aprendizaje técnicamente, pero jamás podría sustituir el rol docente, porque solo él o ella es capaz de dar sentido social y ético a ese aprendizaje.


Para concluir, la solución no es prohibir la Inteligencia Artificial en educación, sino que es necesario capacitar al alumnado a hacer un uso correcto y responsable de esta herramienta. Por esta razón, tenemos que ser conscientes y pensar que la tecnología debería ser un apoyo para realizar tareas diarias y nada más. En cambio, una función que nunca podrá sustituirse por una IA y que es propia de un maestro o maestro es acompañar y motivar a cada estudiante en su proceso de enseñanza-aprendizaje.


Irene Xiangcong Rodríguez Cabo. 2º E. P (GRUPO A)

Dos miradas diferentes a una educación con tecnologías.

En clase hemos podido abordar las tecnologías y recursos TIC en la sociedad y en contextos educativos. Como estudiantes de magisterio, hemos aprendido que el uso de las tecnologías puede brindar grandes beneficios incluso a los más pequeños, así como el acceso a recursos inclusivos y motivadores para ellos. Sin embargo, muchas familias, están en desacuerdo con cualquier uso de ellas en el aula, incluso en casa y esto pienso que se debe a la desinformación y bulos. 

Al conocer a gente de mi entorno que tienen ambas perspectivas, ya sean a favor o en contra de esta tecnología, me ha parecido muy interesante el poder hacerles una pequeña entrevista a ambas familias con diferentes pensamientos. En ambas entrevistas he realizado las mismas preguntas y me han respondido lo siguiente:

Entrevista a Familia 1: En contra de las tecnologías en edades tempranas.
Persona entrevistada: María Pérez 32 años, madre de dos hijos, uno de 2 años (Erick) y otro de 5 años (Pablo).
Pregunta: ¿Vuestros hijos utilizan tecnologías en casa?

María Pérez: La verdad es que intentamos que no las usen prácticamente nada, sobre todo a Erick (niño de 2 años). Pablo (niño de 5 años) muchas veces insiste en ver los dibujos, pero solo le dejamos verlos de forma puntual y los findes de semana. Preferimos que jueguen con juguetes, cuentos o ir a jugar al parque con ellos.

Pregunta: ¿Por qué habéis decidido limitar el uso de la tecnología en casa?

María Pérez:  Porque creo que en estas edades es más importante que desarrollen su imaginación jugando, que corran, se muevan y que se relacionen con las personas, ya sean amigos o familias. Su padre y yo pensamos que las tecnologías en niños tan pequeños les haga ser más nerviosos o desarrollen déficit de atención por tantos estímulos.

Pregunta: ¿Estás de acuerdo con que se utilicen tecnologías en el colegio, especialmente en educación infantil?

María Pérez: Para nada, los niños en el colegio no deben usar las tecnologías y menos tan pequeños. En infantil los niños deben desarrollarse jugando, aprendiendo, relacionándose, no estar mirando a una pantalla. Entiendo que en cursos superiores haya clases relacionadas con la informática, pero creo que las tecnologías en las clases traen más problemas que beneficios.

Pregunta: Entonces, ¿Cómo te gustaría que fuera la educación de tus hijos en relación con la tecnología?

María Pérez: Me gustaría que aprendieran a usarla, pero más adelante cuando sean más mayores, así podremos evitar que desarrollen dependencia a las tecnologías y problemas como déficit de atención o hiperactividad. 

Pregunta: Y, por último, ¿Qué papel cree que deben tener las familias en la educación digital de los niños?

María Pérez: Creo que las familias tienen un papel muy importante, porque son las responsables de poner límites a sus hijos. Además, creo que es fundamental dar ejemplo como padres a lo que deben y no deben hacer, por eso nosotros no usamos los móviles delante de los niños, solo si es algo importante como una llamada o un mensaje, sin embargo, para el ocio, lo utilizados cuando no están en casa o cuando están dormidos.
 
Entrevista a Familia 2: A favor de las tecnologías en edades tempranas.

Persona entrevistada: Carmen González 36 años, madre de dos hijos, un niño de 7 años (Marcos) y una niña de 5 años (Laura).

Pregunta: ¿Vuestros hijos utilizan tecnologías en casa?

Carmen González: Sí, utilizan tecnología, pero los controlamos. El más mayor, Marcos tiene una Tablet, pero es Kid, es decir que está configurada para que solo pueda accederá las aplicaciones que nosotros queramos. Y Laura, la pequeña de 4 años, no tiene Tablet, pero sí le dejamos ver los dibujos un ratito mientras desayuna, come o cena, pero que no sea más de una hora. Hay algunos días que ni si quiera ve la tele sobre todo los findes de semana que solemos hacer excursiones, ir al pueblo, al parque…

Pregunta: ¿Por qué habéis decidido permitir el uso de la tecnología en casa?

Carmen González: Porque hoy en día todos las usamos y antes o después ellos lo harán también. Nosotros como padres pensamos que es mejor enseñarles a usar correctamente la tecnología desde pequeños, que sea siempre de forma controlada, que prohibirle su uso y que cuando sean mayores no puedas prohibírselo y desarrollen adicción por el ansia de usarla.

Pregunta: ¿Está de acuerdo con que se utilicen tecnologías en el colegio, especialmente en educación infantil?

Madre de los niños: Estoy de acuerdo, pero con mucho control, es decir me parece bien que lo usen para algunas actividades interactivas o para reproducir música, bailes, cuentos con imágenes, pero pienso que en educación infantil sobre todo tienen que jugar con sus compañeros.

Pregunta: Entonces, ¿Cómo te gustaría que fuera la educación de tus hijos en relación con la tecnología?

Carmen González: Me gustaría que se usase de manera puntual sin sustituir la realización de actividades donde puedan moverse, hacer manualidades, interactuar con sus compañeros…

Pregunta: Y, por último, ¿Qué papel cree que deben tener las familias en la educación digital de los niños?

Carmen González: Yo pienso que las familias son las responsables de enseñar a sus hijos a hacer un uso responsable de las tecnologías, por lo tanto, es importante que dejen claro que existen momentos adecuados para usarlas pero que no debemos de estar constantemente pegadas a la Tablet o a la televisión. Además, son los padres quienes deben revisar que contenidos ven sus hijos en internet y asegurarse de que lo usan de forma correcta.

-Reflexión Personal:
Tras la realización de ambas entrevistas, he podido comprender ambos pensamientos y he llegado a la conclusión que ambas familias tienen parte de razón. Por un lado, coincido con el pensamiento de María Pérez en cuanto a la gran importancia del juego y la interacción social en educación infantil, pero no creo que por el uso de las tecnologías los niños vayan a desarrollar problemas, por supuesto haciendo un uso adecuado y controlado. 

Por otra parte, Carmen González destaca la idea de que es inevitable que los niños en algún momento usen las tecnologías y enseñarlas a usarlas de manera adecuada es fundamental, algo con lo que estoy en total acuerdo.

Por ello creo que la clave es lograr un equilibrio, es decir sin prohibiciones ni exceso de su uso. Además, pienso que es necesario ofrecer información adecuada a las familias para evitar la desinformación, ayudándoles a comprender que el problema no es la tecnología en sí, sino el uso que se hace de ella.

Irene Domínguez Pascual, alumna de 2º de Magisterio Infantil UCLM.