domingo, 31 de mayo de 2015

LA TAREA (¡PRECIOSA!) DE EDUCAR. DEJAMOS HUELLA Y NOS DEJAN HUELLA


Ojalá que al fin de nuestra carrera (nuestra carrera no termina cuando nos titulamos, nuestra carrera terminará cuando dejemos de correr), nuestras huellas, las que dejamos y las que nos dejen, serán huellas constructoras. Porque hay huellas y huellas, y no todas son iguales.

Toda educación es una tarea de perfeccionamiento. La pedagogía tradicional no se ha equivocado al poner el foco en el alumno como el más necesitado, pero ha dejado incompletas sus reflexiones. Y del mismo modo que hay que atender al alumno, hay que atender al maestro, aunque el tipo de atención sea distinto. Cada uno de nosotros, educadores, lo sepamos o no, caigamos o no en la cuenta de ello, al educar somos educados.

La relación entre maestro y alumno es una relación limitada en el tiempo, empieza un día y otro día acaba. Es raro encontrar casos en que ambos compartan más de un curso o un ciclo educativo. Así está establecido en nuestro sistema y es bueno que sea así, bueno para los dos, para el maestro y para el alumno. La relación termina, pero sus efectos no. Trabajar el corazón es tarea para toda la vida.
Sabemos que la vida solo adquiere sentido cuando se emplea en una empresa que merece la pena, una empresa a la que poder entregar lo mejor de nosotros mismos.

ALICIA SÁNCHEZ HIERRO. 2º Primaria B.

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