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lunes, 25 de mayo de 2026

Cuando la escuela y la vida se mezclan sin pedir permiso



A lo largo de estos años me he dado cuenta de que la escuela y la sociedad no son dos cosas separadas, aunque a veces lo parezcan. En el aula pasan cosas que no salen en los libros, pero que dicen muchísimo de cómo somos como personas. Por ejemplo, hace ya un tiempo un niño me preguntó por qué algunos compañeros no tenían los mismos materiales que él. No supe qué contestarle al principio, pero esa pregunta me recordó que la desigualdad no es algo que solo se estudia, si no que realmente se vive, se ve y se siente.

Y ahí es cuando pienso que la educación tiene un papel enorme, aunque no siempre seamos conscientes de ello. No hablo de grandes discursos ni de proyectos perfectos, sino de esos momentos pequeños que te hacen parar y reflexionar sobre la sociedad. Como cuando dos niños que nunca juegan juntos deciden compartir un juguete sin que nadie se lo pida. O cuando una niña explica que en su casa hablan dos idiomas y todos la escuchan como si estuviera contando un secreto importante. Esas cosas, que parecen tontas, son las que construyen sociedad de verdad.

La escuela es un sitio raro en el buen sentido ya que hay una mezcla de personas distintas, historias distintas, formas de pensar que a veces chocan y otras veces encajan sin esfuerzo. Y ahí, en ese caos que es bonito, es donde se aprende a convivir. No porque alguien lo explique en una pizarra, sino porque lo vives cada día. Aprendes a esperar, a respetar, a pedir perdón, a entender que no todos ven el mundo igual que tú.

Creo que la educación tiene ese poder de cambiar cosas sin hacer ruido. No transforma la sociedad de golpe, pero sí planta semillas y es muchas veces la base de los grandes cambios. Una conversación, un gesto, una actividad que parecía simple… y de repente te das cuenta de que estás enseñando algo mucho más grande que un contenido.

Por eso, cuando pienso en “Educación y Sociedad”, no me imagino teorías ni definiciones como tal. Me imagino un aula llena de vida, de preguntas, de risas, de conflictos que se resuelven como se puede, de niños que aprenden a ser personas mientras nosotros intentamos acompañarlos sin estorbar demasiado, es decir de diversidad y diferencias que hacen a todos únicos.

Y al final, creo que eso es lo que realmente cambia el mundo, las pequeñas cosas que pasan en un aula cualquiera, un día cualquiera, sin que nadie lo note, pero que al final, van logrando grandes cambios.

 Referencias:
Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. UNESCO.
UNESCO. (2015). Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial? UNESCO Publishing.
 
Claudia Pinel Pinto

viernes, 15 de mayo de 2026

Educar en un mundo que no se detiene


Como futura docente, cada día soy más consciente de lo rápido que cambia la sociedad y de cómo esos cambios afectan directamente a la educación. Vivimos rodeados de tecnología, de pantallas, de información constante y de un ritmo que a veces cuesta seguir. Y, aunque todo esto puede resultar abrumador, también creo que es una oportunidad enorme para repensar qué significa educar hoy.
En mi vida diaria veo cómo la tecnología influye en la forma en que nos comunicamos, aprendemos y nos relacionamos. Los niños y niñas crecen entre dos mundos: el digital y el real. Y siento que la escuela tiene la responsabilidad de ayudarles a moverse por ambos sin perderse en ninguno. Para mí, educar no es sólo enseñar contenidos, sino acompañar, escuchar, dar herramientas para pensar, para gestionar emociones y para convivir con los demás.
Creo que la tecnología puede ser una aliada maravillosa si se usa con sentido: permite acceder a recursos, aprender de formas nuevas y conectar con realidades que antes estaban lejos. Pero también sé que no puede sustituir la presencia, el cariño, la empatía o el vínculo humano. La educación sigue siendo, ante todo, un espacio de encuentro.
Ser maestra en este momento histórico es un reto, pero también un privilegio. Es acompañar a una generación que vive en un mundo que no se detiene, y ayudarles a encontrar equilibrio, calma y sentido. Es recordarles que, aunque la vida vaya rápido, ellos tienen derecho a ir a su ritmo. Y es creer profundamente que la educación puede transformar la sociedad, siempre que no olvidemos que detrás de cada pantalla, de cada tarea y de cada avance, hay personas que necesitan sentirse vistas, escuchadas y acompañadas.
María Santos Perea. 2ºA Educación Primaria. Curso 2025-26
María.Santos12@alu.uclm.es / mariasantosperea2@gmail.com

viernes, 8 de mayo de 2026

Educación y sociedad: construyendo ciudadanía desde la escuela - REFLEXIÓN

Tras otro curso en el grado de Magisterio en Educación Primaria, cursando las asignaturas de Pedagogía y Sociología, hay algo que cada vez tengo más claro: la educación no empieza ni termina en el aula. No es un lugar cerrado ni un sistema aislado. Es algo que está completamente conectado con la sociedad, con la vida real. Y, en mi opinión, es imposible entender una sin la otra.
Esto se debe a que la educación no funciona en vacío. Todo lo que rodea a los niños y niñas entra en el aula, aunque no se diga en voz alta. Sus familias, su entorno, lo que ven en redes sociales, las conversaciones que oyen, las experiencias que viven, los valores y los mensajes que transmite la música que escuchan… todo eso influye en cómo aprenden, cómo se relacionan y cómo entienden su realidad. Y al mismo tiempo, la escuela también influye en la sociedad, pues forma parte de ella y la transforma poco a poco. Por eso, hablar de educación es también hablar de sociedad.
Uno de los temas que más me hace reflexionar dentro de esto es la desigualdad. En teoría, la escuela debería ser el lugar donde todos tienen las mismas oportunidades. Pero la realidad es más compleja y muy diferente. No todos los niños y niñas llegan con las mismas condiciones, ni con el mismo apoyo de parte de sus padres, ni con los mismos recursos tecnológicos o materiales para enfrentarse a las demandas de las actividades de las clases. Y eso, claramente, influye en su proceso de aprendizaje.
Y ahí es donde debemos entender la importancia real de la educación: no debemos concebir el concepto como solo transmisión de conocimientos sino como una oportunidad para construir experiencias más justas dentro de una realidad que para mucho no lo es.  
También creo que el papel del docente va mucho más allá de lo académico. Ser maestro o maestra no es solo enseñar los temas teóricos y evaluar, es aprender a mirar a cada alumno o alumna como la persona diferente que es, con su propio ritmo de aprendizaje, su propia historia, con sus propios problemas, complejos, personalidad y necesidades. Lo cual, obviamente, es complicado debido al ratio tan alto de alumnos que hay en las clases de Primaria de España hoy en día, pues no es solo una realidad, sino 24 conviviendo al mismo tiempo. Por lo tanto, nosotros como futuros maestros y maestras debemos saber adaptarnos constantemente, además de saber observar, escuchar y actuar de forma correcta para poder dar una respuesta adecuada a todos nuestros niños y niñas.
Siguiendo con el tema tratado en los anteriores párrafos, la escuela no solo enseña asignaturas. Enseña a vivir con otros.  Es como una sociedad en miniatura donde se reproducen jerarquías, dinámicas sociales y los roles que existen ya en la sociedad completa. Pero no todo es malo, la escuela también nos enseña a respetar, a convivir, a trabajar en equipo, a resolver conflictos… Esto tiene un impacto enorme, porque lo que se aprende en la infancia y adolescencia, determina muchas veces en gran cantidad el cómo será una persona en el futuro o qué patrones de comportamiento tendrá en sus relaciones personales.
Otro factor a tener en cuenta, es que la tecnología ha cambiado muchísimo la forma en la que los niños aprenden y también la manera en la que la escuela se relaciona con la sociedad. Ahora los niños tienen información todo el tiempo a su alrededor. Ven vídeos, usan redes sociales, buscan cosas en internet… y muchas veces aprenden fuera del aula casi sin darse cuenta. Por eso el profesor ya no tiene solo la función de explicar temas, porque la información ya está en todas partes. Lo importante ahora es enseñarles a entender lo que ven, a pensar un más por sí mismos y a tener cuidado con todo lo que consumen en internet, porque no todo es fiable ni todo les influye de forma positiva. Educarles en el uso responsable de la IA y de las redes sociales puede ser un paso favorable hacia una educación digital más responsable.
Aparte de eso, creo que muchas veces se deja de lado algo fundamental: cómo se siente el alumno. Si un niño está a gusto en clase, siente confianza con el profesor y no tiene miedo a equivocarse, va a aprender muchísimo mejor. En cambio, cuando alguien se siente mal, ignorado o incómodo, eso también afecta al aprendizaje aunque no se vea a simple vista. La salud mental de nuestro alumnado debe ser un aspecto fundamental que los docentes debemos tener en cuenta si queremos tener un buen clima en clase y para que sus resultados académicos no se vean afectados por esta atmósfera.
Por eso educación y sociedad están totalmente unidas. La escuela no es solo un sitio donde se estudian asignaturas, también es el lugar donde los niños empiezan a formar su manera de pensar, de relacionarse con los demás y de ver el mundo. Y todo eso acaba teniendo consecuencias en la sociedad del futuro, porque los niños de hoy serán los adultos de mañana.
 
Carlota Gutiérrez López-Rey
2ºA Magisterio de Educación Primaria. 


miércoles, 6 de mayo de 2026

Entre la tiza y las pantallas: dos miradas a la escuela


En clase llevamos semanas reflexionando sobre cómo la tecnología ha transformado la educación: las TIC, la sociedad de la información, la velocidad con la que circulan los datos, la competencia digital… Todo esto aparece en el Tema 1 como si fuera algo inevitable, casi natural, como si la escuela siempre hubiera funcionado así. Pero me he dado cuenta de que, para entender de verdad este cambio, necesitaba algo más que definiciones teóricas. Necesitaba mirar la educación desde un lugar más cercano, más humano y más real. Ahí fue cuando se me ocurrió esta idea.
Pensé que, si quería comprender cómo han cambiado las aulas con la llegada de las pantallas, tenía que escuchar a quienes han vivido la escuela desde dentro, pero en momentos muy distintos. Por un lado, mi abuelo, que fue maestro durante más de cuarenta años en una época en la que la tecnología no formaba parte del aula ni de la vida cotidiana. Su escuela era la de la tiza, la pizarra verde, los cuadernos de caligrafía y los dibujos hechos a mano. Una escuela donde la memoria, la disciplina y la cercanía con las familias eran fundamentales.
Y por otro lado, una maestra actual, Sara Jiménez, que trabaja cada día en un aula donde las pantallas, las plataformas digitales y los recursos interactivos forman parte del día a día. Una escuela donde los niños aprenden rodeados de estímulos visuales, donde las familias esperan fotos de cada actividad y donde la tecnología abre posibilidades, pero también plantea nuevos retos.
Decidí entrevistar a ambos porque quería ver ese contraste con mis propios ojos: cómo se enseña sin pantallas y cómo se enseña con ellas; qué se ha ganado, qué se ha perdido y qué permanece igual. Dos generaciones, dos escuelas y dos formas de entender la enseñanza que, aunque parezcan opuestas, forman parte de la misma historia educativa.
Esta entrada es mi manera de entender mejor cómo ha cambiado la educación desde dentro, comparando dos miradas que, aunque muy distintas, se complementan.
 
ENTREVISTA A MI ABUELO: La escuela sin pantallas
Cuando me senté a hablar con mi abuelo, el objetivo inicial de la entrevista era claro: reflexionar sobre el uso de las pantallas en el aula y comparar su experiencia como maestro con la escuela actual. Sin embargo me di cuenta de que limitarme solo a las pantallas era casi empobrecer todo lo que su historia podía enseñarme. Escucharle hablar de su vida, de sus alumnos y de la forma en que entendía la educación me hizo ver que, en realidad, la pregunta de fondo no era únicamente si las pantallas son buenas o malas, sino qué tipo de relación queremos construir entre maestro, alumno y conocimiento.
Mi abuelo, Emiliano González Gómez, tiene 84 años y fue maestro durante más de cuatro décadas. Su historia como docente comienza en 1961, cuando llegó a la escuela rural de Palomarejos, una pequeña escuela de Talavera de la Reina donde la vida giraba alrededor del campo, las familias y el trabajo duro. Allí, en un aula única con pupitres de madera y una pizarra que ocupaba casi toda la pared, se encontró con un reto que hoy resulta difícil de imaginar: enseñar a niños y niñas de entre seis y doce años, todos juntos, todos con él como único maestro, todos avanzando a ritmos distintos, pero compartiendo el mismo espacio.
Mi abuelo y sus alumnos:


Mi abuelo me contó que en su época no existía nada parecido a la tecnología actual. No había proyectores, ni ordenadores, ni tablets, ni vídeos, ni plataformas educativas. La enseñanza se sostenía sobre tres pilares: la tiza, la pizarra y el libro. Pero lo que más me impresionó no fue la ausencia de pantallas, sino la presencia de su propio esfuerzo. Me enseñó un cuaderno que aún conserva, con dibujos hechos a mano: el sistema digestivo, el corazón, el cerebro, las partes de una planta, mapas hechos por él.... Aquellos apuntes eran su forma de suplir la falta de recursos visuales. Dibujaba órganos, esquemas, mapas, animales, figuras geométricas. Preparaba explicaciones a mano, copiaba textos, redactaba ejemplos. Lo hacía por las noches, después de un día entero en el aula, para que sus alumnos pudieran visualizar lo que él explicaba. Era su manera de evitar que todas las clases fueran iguales y de mantener viva la curiosidad de los niños.
 Ejemplos de sus cuadernos:


En un tiempo sin imágenes impresas, sin vídeos explicativos y sin acceso inmediato a la información, la creatividad del maestro era el recurso más valioso. Él mismo lo resumió diciendo que, si no existían materiales, había que inventarlos. Y eso hacía: inventar, adaptar, dibujar, explicar de mil maneras distintas hasta que todos entendieran. Su enseñanza no dependía de herramientas externas, sino de su capacidad para transformar una idea en algo visible, comprensible y cercano.
Cuando hablamos de las pantallas en el aula, su mirada cambió. No desde el rechazo, sino desde la distancia de quien ha vivido otra manera de enseñar. Me dijo que él no sabría usar nada de eso, pero que entendía que ahora es necesario. Los niños viven rodeados de estímulos digitales, de información constante, de imágenes que cambian cada segundo. Para él, el problema no es la tecnología en sí, sino la velocidad. Antes no había distracciones. La atención se entrenaba porque no había otra opción. La memoria era fundamental, no como castigo, sino como herramienta. Los niños se sabían las tablas, los ríos, las capitales, las oraciones… todo de memoria. Y el libro era la única fuente de conocimiento. Si algo no aparecía en él, simplemente no existía.
Sin embargo, también reconoció que una pizarra digital le habría permitido explicar mejor algunas cosas. Que un vídeo del corazón latiendo o una animación del sistema solar habría sido un recurso maravilloso. Pero insistió en que, incluso sin pantallas, se podía enseñar mucho. La clave estaba en la dedicación del maestro, en su capacidad para adaptar, crear y explicar. La tecnología, según él, es una ayuda, pero no sustituye la esencia de la enseñanza.
Hubo algo que me gustó especialmente: la relación entre la escuela y las familias. Mi abuelo me contó que muchos padres de Palomarejos eran analfabetos o apenas sabían firmar. No tenían recursos, no entendían los trámites y, en muchos casos, no sabían cómo ayudar a sus hijos a seguir estudiando. Él se ocupaba de todo, rellenaba matrículas, gestionaba becas, hacía el papeleo para que los niños pudieran ir al instituto en Talavera, explicaba a las familias qué significaba cada documento y, cuando era necesario, iba casa por casa para convencer a los padres de que dejaran a sus hijos continuar con los estudios en lugar de sacarlos al campo. Aquello no formaba parte de su horario ni de su contrato, pero sí de su manera de entender la educación: como un compromiso con el futuro de cada niño, más allá de lo que ocurría dentro del aula.
Esa parte de su historia me hizo pensar en cómo la escuela ha sido siempre un reflejo de la sociedad. En su época, la desigualdad era tan evidente que el maestro tenía que convertirse también en mediador, orientador y, en cierto modo, defensor de las oportunidades de sus alumnos. Hoy, aunque la situación ha cambiado, seguimos hablando de brechas: brecha digital, brecha de acceso, brecha de acompañamiento familiar. La diferencia es que ahora contamos con herramientas, recursos y políticas que antes no existían, pero el reto sigue siendo el mismo: garantizar que todos los niños tengan las mismas oportunidades.
Mientras le escuchaba, me di cuenta de que la escuela de hoy no podría existir sin la de antes, igual que la de mañana no podrá existir sin la de hoy. La tecnología ha transformado la enseñanza, pero no ha sustituido lo esencial: la relación humana, la capacidad de acompañar, la responsabilidad de educar. Su relato me recordó que la educación no es solo un conjunto de herramientas, sino una forma de mirar al otro, de creer en su potencial y de ayudarle a crecer.
Como futura docente, esta entrevista me ha hecho pensar en mi propio papel. Me ha recordado que la tecnología es una herramienta poderosa, pero que no puede reemplazar la dedicación, la creatividad ni la sensibilidad del maestro. Me ha hecho valorar la importancia de la calma, de la paciencia y de la humanidad en un mundo que va cada vez más deprisa. Y, sobre todo, me ha hecho sentir que la educación es un puente entre generaciones: entre la tiza y el algoritmo, entre la escuela de mi abuelo y la que yo viviré, entre lo que fuimos y lo que seremos.
Creo que, al final, esa es la verdadera esencia del cambio educativo, no elegir entre lo antiguo y lo nuevo, sino aprender a unirlos. Conservar lo que nos humaniza y aprovechar lo que nos impulsa. Escuchar a quienes enseñaron antes que nosotros y atrevernos a enseñar de otra manera. Y, sobre todo, recordar que, con pantallas o sin ellas, la educación sigue siendo un acto profundamente humano.
 
ENTREVISTA A SARA: La escuela de las TIC
Por otro lado, para poder comparar de verdad la escuela de antes con la de ahora, realicé también una entrevista a una maestra de Educación Primaria en activo. Quería ver cómo vive hoy un docente rodeado de pantallas, plataformas digitales, familias conectadas a todas horas y un alumnado que ha nacido prácticamente con un dispositivo en la mano. Me interesaba contrastar la mirada de mi abuelo, un maestro jubilado que enseñó sin tecnología, con la de alguien que trabaja cada día en un aula donde la tecnología forma parte del día a día. La persona que entrevisté fue Sara, maestra de 56 años y tutora de 4º de Primaria en un colegio de Talavera de la Reina.
Sara lleva más de treinta años enseñando y ha vivido la transición completa: empezó cuando la informática apenas entraba en los centros y ahora trabaja con pizarras digitales, tablets, plataformas educativas y aulas virtuales. Dice que, aunque al principio le costó adaptarse, hoy no se imagina dar clase sin ciertos recursos tecnológicos. En su aula utiliza la pizarra digital para proyectar vídeos, esquemas, mapas interactivos o ejercicios. También usa plataformas donde los alumnos entregan tareas, consultan materiales o realizan actividades personalizadas.

Sin embargo, no idealiza las pantallas. Me explicó que, aunque ayudan muchísimo, también tienen su parte complicada. Nota que los niños están tan acostumbrados a lo inmediato que les cuesta mantener la atención cuando algo no se mueve o no cambia de color. A veces, cuando hace una explicación más tradicional, ve cómo algunos se inquietan, como si les faltara “algo que pase en la pantalla”. Me dijo que, en ocasiones, tiene que recordarles que aprender no siempre es ver un vídeo o hacer clic, que también hay que escuchar, pensar, escribir, equivocarse y volver a intentarlo.
Me puso un ejemplo muy concreto: hace poco hicieron un experimento de ciencias con materiales sencillos. Ella estaba tan metida en la actividad que no hizo fotos. Esa misma tarde tenía varios mensajes de familias preguntando si al final habían hecho el experimento, porque no habían visto nada en la plataforma. Me confesó que le sorprende mucho esa necesidad constante de documentarlo todo, como si lo que no se fotografía no hubiera ocurrido. A veces bromea con sus compañeras diciendo que parece que, si no hay foto, no existe. Y reconoce que esa presión por “mostrar” puede llegar a agobiar, porque la clase no es un escaparate: es un espacio vivo, donde no todo puede ni debe convertirse en contenido para las familias.
La conversación sobre las familias siguió por ahí. Me explicó que la relación ha cambiado muchísimo. Antes, según ella, la figura del maestro se respetaba casi automáticamente. Hoy, en cambio, la comunicación es más constante, más directa y, a veces, más exigente. Las familias participan más, preguntan más, opinan más. Esto tiene un lado positivo ya que hay más colaboración y más seguimiento del aprendizaje. Pero también puede generar tensiones cuando las expectativas no coinciden o cuando se cuestiona el criterio docente. Aun así, Sara intenta mantener siempre un trato cercano y claro, porque sabe que la educación es un trabajo compartido.
Le pregunté cómo se siente enseñando en un mundo donde los niños crecen rodeados de pantallas. Me dijo que, aunque a veces es un reto, también es una oportunidad. Los alumnos de hoy tienen una capacidad enorme para aprender a través de lo visual, lo interactivo y lo digital. Pero necesitan a un guía. Necesitan aprender a usar la tecnología con responsabilidad, a distinguir información fiable de la que no lo es, a no depender de la pantalla para todo. Para ella, ese es uno de los grandes retos de la escuela actual: enseñar a convivir con la tecnología sin que esta sustituya la curiosidad, el pensamiento crítico o la capacidad de esfuerzo.
Mientras hablábamos, no pude evitar comparar su visión con la de mi abuelo. Él enseñó en un mundo sin pantallas, donde la memoria, la disciplina y la creatividad manual eran esenciales. Ella enseña en un mundo donde la información es infinita, pero la atención es frágil. Él dibujaba a mano los órganos del cuerpo para que sus alumnos pudieran entenderlos. Ella proyecta animaciones en 3D. Él rellenaba matrículas y becas para que los niños pudieran estudiar. Ella se comunica con las familias por las plataformas digitales. Él tenía que convencer a los padres de que dejaran a sus hijos estudiar. Ella, a veces, tiene que convencerlos de que no pasa nada si una actividad no tiene foto. Y, sin embargo, los dos coinciden en lo esencial: la tecnología puede cambiarlo todo, pero no puede reemplazar la humanidad del maestro.
Al terminar la entrevista, tuve la sensación de haber escuchado dos voces que, aunque separadas por más de medio siglo, hablan del mismo oficio. La escuela ha cambiado, la sociedad ha cambiado y los recursos han cambiado. Pero la esencia sigue siendo la misma: acompañar, enseñar, escuchar, guiar. Mi abuelo representaba la escuela de la tiza; Sara representa la escuela de las tecnologías. Y, entre ambos, se dibuja el camino que yo quiero recorrer como futura docente.

REFLEXIÓN FINAL
Cuando terminé las dos entrevistas, me di cuenta de que esta entrada del portafolio había acabado siendo mucho más importante de lo que imaginaba al principio. Mi idea inicial era simplemente comparar el uso de las pantallas en el aula entre un maestro jubilado y una maestra actual, pero al escucharles hablar entendí que detrás de esa comparación había algo mucho más profundo, dos formas de vivir la educación, dos épocas completamente distintas y, aun así, un mismo oficio que sigue teniendo el mismo sentido.
Hablar con mi abuelo fue como viajar a una escuela que ya no existe. Una escuela sin pantallas, sin internet, sin fichas impresas, sin vídeos… donde todo dependía del maestro. Me impresionó mucho ver sus cuadernos antiguos, con dibujos hechos a mano del cuerpo humano, de mapas, de plantas… y pensar que eso lo hacía él por las noches, después de estar todo el día en clase. También me impactó cómo se implicaba con las familias: rellenaba matrículas, pedía becas, explicaba papeles que los padres no entendían porque muchos no sabían ni leer. Siempre confiaban en él. Me hizo pensar que antes la figura del maestro tenía un peso enorme, no solo dentro del aula, sino en la vida de la gente.
La entrevista con Sara, en cambio, me enseñó cómo es la escuela de hoy. Ella trabaja rodeada de pantallas, plataformas, pizarras digitales y un alumnado que aprende de otra manera. Me contó cosas muy concretas que me hicieron ver lo diferente que es todo ahora: por ejemplo, que cuando hacen una actividad en clase, si no sube fotos a la plataforma ese mismo día, ya tiene mensajes de familias preguntando si “al final lo hicieron”. Me dijo que a veces siente que si no hay foto, parece que no ha pasado nada. Eso me hizo pensar en cómo la tecnología no solo ha cambiado la forma de enseñar, sino también la forma en que las familias viven la escuela.
Y aquí es donde empecé a reflexionar más a fondo sobre las TIC. Porque, escuchando a los dos, entendí que la tecnología tiene ventajas enormes, pero también inconvenientes que a veces no vemos. Por un lado, las TIC permiten acceder a recursos increíbles, explicaciones visuales, actividades interactivas, materiales adaptados… y eso puede hacer que los niños entiendan mejor y se motiven más. También ayudan a personalizar el aprendizaje y a que cada alumno avance a su ritmo. Pero, por otro lado, también pueden generar distracciones, dependencia, impaciencia y una necesidad constante de inmediatez. Y, además, pueden crear desigualdades entre quienes tienen más recursos en casa y quienes no. Me di cuenta de que la tecnología no es buena ni mala por sí misma: depende del uso que hagamos de ella y del equilibrio que sepamos encontrar.

Pero lo que más me llamó la atención es que, aunque sus realidades son completamente distintas, tanto mi abuelo como Sara coinciden en lo esencial. La tecnología puede ayudar muchísimo, pero no puede sustituir la figura del maestro. Ni la paciencia, ni la creatividad, ni la forma de acompañar a los alumnos. Eso me hizo pensar que, aunque la escuela cambie, hay cosas que no deberían cambiar nunca.
Esta contribución a la revista es importante para mí porque me ha permitido reflexionar de verdad sobre la educación, no solo desde lo que estudiamos en clase, sino desde las voces de personas que han vivido la escuela desde dentro. Me ha ayudado a pensar en qué tipo de maestra quiero ser, en cómo quiero usar las pantallas y en qué cosas no quiero perder nunca, por mucha tecnología que haya. También me ha hecho ver que la educación cambia, pero que la esencia sigue siendo la misma: acompañar, enseñar, escuchar y creer en los alumnos.
Por eso considero que esta entrada es tan valiosa. No es solo una comparación entre dos entrevistas, sino una forma de entender la educación como un puente entre generaciones. Creo que, al final, eso es lo que más me ha gustado de este trabajo: que me ha permitido unir historias, miradas y experiencias para entender que, con pantallas o sin ellas, la educación sigue siendo un acto humano.
Inés Castañeda González
Educación Primaria 2ºA

martes, 5 de mayo de 2026

LA EVOLUCIÓN DE LAS TIC EN EL ÁMBITO EDUCATIVO Y SU PAPEL ACTUAL

Creo que todos estamos de acuerdo en que las nuevas tecnologías y las herramientas digitales poco a poco van ganando terreno en la sociedad en que vivimos. De una manera u otra, cada vez están más presentes en nuestra vida diaria, y por supuesto, también lo están en el ámbito educativo. Pero no siempre esto ha sido así.
Esta incorporación tan “reciente” en las aulas está teniendo un gran impacto en la manera de educar, y no afecta de manera directa solo al alumnado, sino también a los maestros y maestras que les enseñan.
He podido vivir de primera mano toda esta transición tecnológica que se ha llevado a cabo poco a poco en las aulas. Recuerdo que cuando aún estaba en el colegio, no todos mis profesores y profesoras ponían el mismo énfasis en el uso de herramientas digitales. Realmente, en mis primeros años de primaria no se utilizaban prácticamente nada.
Sin embargo, en esto, sin duda alguna, sí destacó un profesor, el orientador del centro concretamente, que estaba más en contacto siempre con estos recursos que nos resultaban tan novedosos, y nos intentaba enseñar a utilizarlos, como la máquina 3D entre otros. Con ello, en mis etapas de estudios posteriores al colegio, sí que han estado más marcadas por las tecnologías, cobrando mayor importancia si cabe a partir de la pandemia del COVID-19.
Además, el ejemplo de mi hermana pequeña, 6 años menor que yo, también nos puede servir para ver esta evolución. Cuando ella y sus compañeros estaban en torno a cuarto o quinto de primaria, empezaron a utilizar tablets en lugar de libros en casi todas las asignaturas, lo cual supuso modificaciones notables en la forma de aprender a la que estaban más acostumbrados.
Así, con el paso del tiempo, se han ido introduciendo las TIC en el día a día de los estudiantes y docentes, y actualmente son herramientas de trabajo bastante relevantes y necesarias, entre las que no debemos olvidar la IA o Inteligencia Artificial. “De tal forma, asistimos a una renovación didáctica en las aulas, donde se pone en práctica una metodología activa e innovadora que motiva al alumnado en las diferentes disciplinas o materias.” (Bonilla, 2014).
De hecho, esta integración de las TIC en educación también queda reflejada en el currículo educativo actual, incluyendo la competencia digital entre las competencias clave que debe desarrollar todo el alumnado. “La competencia digital implica el uso seguro, saludable, sostenible, crítico y responsable de las tecnologías digitales para el aprendizaje” (Gobierno de España, 2022) “para el aprendizaje, el trabajo y la participación en la sociedad” (European Commission, 2018).
Es cierto que las TIC han traído consigo grandes ventajas al sistema educativo también, y son ampliamente conocidas, como el acceso rápido y eficaz a la información, el aumento del interés y la motivación, facilitan la autonomía y la creatividad de los niños y niñas, otorgan mayor facilidad para adaptar los recursos y materiales didácticos al alumnado con Necesidades Educativas Especiales, favorecen un aprendizaje más activo, y otras muchas que se podrían enumerar.
Pero, como es evidente, también presenta algunas desventajas, como la facilidad para distraerse, problemas de adicción a pantallas, falta de formación a docentes, dificultad para saber discernir la información adecuada, usar las TIC de manera responsable… No debemos olvidar que también es un factor que incrementa las desigualdades entre el alumnado, ya que no todos tienen las mismas capacidades para acceder a la conexión con internet o a dispositivos. Según la UNESCO, es fundamental garantizar un acceso equitativo a la tecnología para evitar que la digitalización aumente las diferencias educativas.
Ante esta situación, considero que se deben aprovechar todos los beneficios que nos aporta la tecnología en educación, puesto que han pasado a ser un recurso habitual en este ámbito. Pero esto no quiere decir que ignoremos los inconvenientes que tiene, más bien todo lo contrario: hay que aprender a utilizarlas para conseguir que realmente contribuyan a una buena práctica educativa adaptada a la sociedad en la que vivimos.
    
Bonilla Barbosa, J. H. (2014). Ventajas y desventajas de las TIC en el aula. Revista #ashtag, (4-5), 124–131. https://doi.org/10.52143/2346139X.46
UNESCO (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación. París: UNESCO Reimaginar-juntos-nuestros-futuros-–-UNESCO.pdf
Gobierno de España. (2022). Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria. Boletín Oficial del Estado. https://www.boe.es/eli/es/rd/2022/03/01/157
European Commission. (2018). Key competences for lifelong learning. Publications Office of the European Union. https://doi.org/10.2766/569540

Marina Romo García - Ochoa. 2º Magisterio de Educación Primaria

lunes, 4 de mayo de 2026

Usar la tecnología en clase ¿Sí o no?

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"Si lo que dices, lo que haces y lo que piensas está en armonía, entonces aprenderás a ser feliz" – Gandhi.
Esta frase que nos dijo el profesor me hizo pensar en lo que vivimos cada día en el aula con la tecnología. Usamos los móviles y ordenadores constantemente, pero ¿Realmente estamos usando la tecnología con sentido o simplemente porque está ahí?  
Además, justo el martes 10 de febrero se celebró el Día de Internet Segura y, viendo el debate que hay y del que hablamos en clase sobre si deberíamos prohibir o fomentar la tecnología en clase, me di cuenta de que el problema no es el dispositivo, sino cómo lo usamos.
El debate de las tecnologías: ¿Distracción o superpoder?
Existe un gran debate sobre si las tecnologías deberían estar prohibidas en las clases o no. Algunos profesores creen que la tecnología mejora el aprendizaje, mientras que otros piensan que solo distrae y empeora la atención de los alumnos. En clase hemos planteado que realmente la tecnología no es el enemigo, sino la falta de conocimiento para manejarla. Es decir, la tecnología usada en las aulas puede ser enormemente útil para un montón de actividades y aprendizajes, el problema está en la manera de usarla. 
Muchos docentes se quedan con que la tecnología distrae y no es segura para el alumnado en las aulas refugiándose en lo tradicional. Pero detrás de estos argumentos hay factores como el desconocimiento, ya que no han recibido suficiente formación sobre cómo integrar la tecnología en el aprendizaje; también el miedo a cambiar la dinámica tradicional a la que están acostumbrados o incluso la falta de tiempo y ganas de aprender a usar nuevas plataformas útiles. 
Para tratar esto, pensé que preparando una presentación en Genially con los pros que le daría a un docente tradicional que no quiere ni oír hablar de pantallas en su clase podría ayudar a que considere que realmente merece la pena su uso en las aulas y debemos aprovechar este gran recurso que tenemos actualmente. Además, en esta presentación añadí algunas fotos sobre las ventajas de la tecnología que mis compañeros y yo realizamos en una actividad de clase para comprobar su utilidad desde nuestra perspectiva, los futuros docentes en formación.
Sin embargo, también creo que es importante reconocer que la tecnología no es perfecta y que su uso en el aula tiene dificultades reales. Es cierto que puede generar distracciones, haber un exceso de información irreal, riesgos de privacidad y seguridad digital, ciberacoso, etc., son problemas que existen y que tampoco podemos ignorar. Precisamente por eso creo que es por lo que se celebran días como el Día de Internet Segura, que buscan concienciar sobre la importancia de usarlo de manera responsable. 
La solución por tanto no estaría en prohibir la tecnología, sino en aprender a utilizarla. Para esto es fundamental que tanto los profesores como los alumnos estén bien formados y sepan cuales son los riesgos y las oportunidades del entorno digital. 
Por eso, creo que, como docentes en formación, no podemos pensar que el aula es un búnker aislado de la tecnología, porque así estaríamos desconectados del mundo real. Lo que tenemos que pedir es que se nos enseñe a guiar a nuestros estudiantes y a nosotros mismos dentro de este mundo tecnológico para poder aprovecharlo y vivir con ello; ayudándoles a que tengan un pensamiento crítico de la información que reciban, que protejan su privacidad y que entiendan las consecuencias de su presencia en Internet. 
Así el uso de las tecnologías se hará de forma consciente, útil y segura sin que este acabe suponiendo un problema, como muchos creen que es, y sea una facilidad.  Al final, educar en el mundo digital en el que estamos es más que enseñar a usar la tecnología, es saber aprovechar su potencial en el aprendizaje y en la vida cotidiana sin que te absorba. 
Referencias: 
         Uploaded Image Imagen creada por la inteligencia artificial OpenAI - Chat GPT. 

    Paloma Sevilla Nieves 
    Estudiante del 2º Curso del Grado de Magisterio en Educación Primaria - 2A

miércoles, 29 de abril de 2026

Las pantallas en el aula, ¿aliadas o enemigas?

Uploaded Image Actualmente, vivimos en una sociedad altamente digitalizada, y la escuela no ha podido mantenerse al margen. Pizarras digitales, ordenadores, tablets o presentaciones en pantalla son algunas de las herramientas que demuestran que la tecnología ha irrumpido en las aulas. Pero cabe preguntarse: ¿estamos aprovechando realmente esa tecnología o simplemente nos hemos acostumbrado a ella?
A lo largo de mi etapa como estudiante, he podido observar las dos caras diferentes de esta realidad en el aula. Por un lado, la tecnología tiene muchos beneficios, algunos de ellos son: permite acceder a cualquier información actualizada en el momento, enriquece las clases con presentaciones visuales, videos o actividades interactivas, lo cual motiva al alumnado y despierta su interés. Asimismo, fomenta la creatividad de los estudiantes y los prepara para un mundo laboral cada vez más digitalizado. 
No obstante, la tecnología, así como las pantallas, pueden convertirse un poco en nuestro enemigo. El simple hecho de tener el móvil sobre la mesa, aunque sea boca abajo, ya es una distracción. Las notificaciones o las redes sociales nos generan una necesidad de querer estar pendientes del móvil a cada rato. Esto perjudica el aprendizaje y la atención del estudiante, ya que, aparte de que se distraen con mayor facilidad, cada vez les resulta más complicado mantener la atención y permanecer concentrados durante periodos prolongados.
La clave no está en prohibir la tecnología ni los dispositivos digitales en el aula, sino en promover un uso responsable y consciente de los mismos. Un estudiante que comprenda para que sirve una herramienta, y cuando es necesario prescindir de ella, obtendrá mejores beneficios, en cuanto atención y concentración, que aquel que no es capaz de desarrollar esa capacidad de autocontrol.
En definitiva, las pantallas son un gran aliado para el aprendizaje, siempre y cuando los docentes promuevan un uso responsable y las integren con intenciones pedagógicas claras. La escuela también tiene la responsabilidad de formar ciudadanos críticos y competentes, capaces de relacionarse con la tecnología sin depender de ella. Por lo tanto, es necesario que todos los agentes implicados trabajen de manera conjunta y coordinada. Solo de esta manera se podrá sacar todo su potencial sin dejar a un lado la capacidad de pensar y reflexionar por sí mismos.                 
Funtechrocket. (2025, 28 marzo). Pantallas en las aulas: ¿aliadas o enemigas del aprendizaje? El Blog de FunTech Rocket. https://blog.funtechrocket.education/2025/03/28/pantallas-en-las-aulas-aliadas-o-enemigas/

Lucía Bernad 
2ºA Educación Primaria 

lunes, 20 de abril de 2026

Requiem por los libros perdidos. 23 de abril: Día Mundial del Libro

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Requiem por los libros perdidos


Por Luciano Andrés Valencia

   Siento mucho dolor cuándo veo que se maltrata un libro. Lamentablemente he sido testigo en numerosas oportunidades de esta práctica, lo que me lleva a reflexionar sobre el valor que la sociedad en la que vivimos le da a este producto tecnológico que en sus páginas puede condensar un saber generacional que debe ser honrado y respetado. Aunque no siempre pasa así.

   Una parte importante de los libros de mi biblioteca son "rescatados". Me refiero con ello a material bibliográfico que perteneció a personas fallecidas que, al momento de vender sus viviendas, los herederos o compradores sacaron a la basura sus bibliotecas, o a libros desechados por oficinas públicas y empresas privadas. Gracias a que me he encontrado con cajas dejadas en entradas de edificios, que alguien me ha informado que iban a desechar o que me han regalado libros desechados pude rescatar este material.

   Debo decir que por este motivo me he hecho con libros en buen estado de escritores ganadores del Premio Nobel, tratados filosóficos y científicos, clásicos de la historia, colecciones y obras que hace décadas que no se reeditan. Aunque disfruto poder contar con este material, no puedo dejar de pensar que por cada libro rescatado hay miles que terminan en los rellenos sanitarios. ¿Cuántos autores que pusieron sus sentimientos, ideas, reflexiones, investigaciones y experiencias enriquecedoras terminaron sepultados junto a los residuos domésticos e industriales?

   El libro que le falta a un niño en edad escolar o el que un estudiante universitario está ahorrando para poder comprar puede estar siendo arrojado a la basura en este momento.

   Mucho se ha escrito sobre las múltiples destrucciones de la Biblioteca de Alejandría, en donde se perdió gran parte del conocimiento de la época, pero ¿cuántas pequeñas "Alejandrías" son destruídas cada día en el mundo? Me duele que exista una sociedad que trate de este modo a la cultura.

   Pero mientras a nivel individual se desechan libros como si fueran residuos, las clases dominantes actúan a escalas masivas. Desde la Antigüedad la destrucción de libros incómodos fue un deporte para quienes ejercían el poder. En la Edad Media existía un Index Librorum Prohibitorum realizado por la Iglesia Católica Romana: la posesión de un libro de este catálogo implicaba la destrucción de los ejemplares y la condena a la hoguera de su propietario -como posiblemente le había pasado antes al autor-. Jorge Luís Borges ("La Muralla y los Libros", Nuevas Inquisiciones, 1955) le atribuye al emperador amarillo Shih Huang Ti el haber quemado todos los libros anteriores a él porque no lo mencionaban, en un acto que sería el equivalente oriental de las destrucciones de Alejandría. En la Alemania Nazi (1933-1945) se quemaron miles libros (y en algunos casos a sus autores) que contradecían su ideología supremacista y totalitaria. Ni siquiera las obras de Albert Einstein o de Sigmund Freud se salvaron de las hogueras fascistas. La Dictadura Cívico Militar argentina (1976-1983) actuó de un modo más perverso: no sólo destruyó miles de libros, discos y videos considerados "subversivos del órden social", sino que instauró un miedo que llevó a que en los hogares se optara por quemar, enterrar o emparedar bibliotecas que podían ser sospechosas de poseer material prohibido por el régimen.

   En mis primeros años de universidad un profesor me recriminó por usar el término "genocidio cultural". Según explicó, el genocidio solo se puede ejercer contra los seres humanos y no contra los bienes culturales. Seguramente tenga razón, pero no podemos ignorar que la destrucción del conocimiento suele acompañar a las prácticas genocidas. Junto con el exterminio de miles o millones de personas también se intenta borrar la cultura de los pueblos para que nadie recuerde, para que nadie reclame.

   Hoy asistimos a formas más sutiles de destrucción de bibliotecas. El costo del papel ha llevado a un aumento considerable del precio de los libros -lo que vuelve más irracional que se los arroje a la basura-, junto con un mercado editorial que favorece a determinados autores en un intento de borrar la diversidad de voces. Por suerte las editoriales independientes, los proyectos culturales comunitarios y las revistas autogestionadas hacen un contrapeso a este fenómeno, pero su supervivencia se encuentra amenazada por las fluctuaciones de las economías locales, nacionales y globales.

   Los recortes en educación y cultura ponen a las bibliotecas y centros culturales en riesgo de cerrar sus puertas. ¿Dónde van a terminar esos libros y otros productos culturales que albergan cuando esto suceda?

   Por último me gustaría mencionar el peligroso discurso que dan algunos youtubers, influencers o creadores de contenido en contra de la educación y la cultura, llamando a los más jóvenes a no continuar con sus estudios porque resulta "más rentable" invertir en criptos o producir para las redes sociales. Como si la educación solo fuera una vía para hacer dinero en lugar de una de las formas por las que el ser humano se realiza más allá de sus necesidades básicas y adquiere un pensamiento crítico frente a la realidad. Las bibliotecas también se destruyen cuando no se fomenta en las nuevas generaciones el amor por el conocimiento.

   Por eso es importante preguntarnos qué hacemos como sociedad para proteger, difundir y preservar los bienes culturales. Si debemos seguir tolerando la destrucción de libros, el cierre de bibliotecas y centros culturales, y el desfinanciamiento de la cultura y la educación.

   La cultura la hacen los pueblos, no solo los artistas y los intelectuales. La hacen cuando la producen, pero también cuando preservan sus bienes culturales en lugar de desecharlos y la defienden de los atropellos de los poderosos que quieren callar las voces críticas e incómodas. 


Sitio web del autor: https://elrefugiadodelaspalabras.blogspot.com/

Instagram: https://www.instagram.com/luciano.andres.valencia/ 


viernes, 20 de marzo de 2026

INTERNET Y EDUCACIÓN: OPORTUNIDADES Y RETOS PARA LOS ESTUDIANTES EN LA SOCIEDAD DIGITAL

En la sociedad actual, Internet se ha convertido en una herramienta fundamental para el acceso al conocimiento y la comunicación. Cada vez más personas utilizan la red en su vida diaria tanto para estudiar como para relacionarse con otros. La tecnología ha transformado la forma en la que aprendemos, buscamos información y compartimos conocimientos. Esta información se refuerza con los estudios de EGM, Asociación de Usuarios de Internet, ONTSI DATA o AIMC. 
Según el sociólogo Manuel Castells, vivimos en una "sociedad red", donde la información y el conocimiento es cada vez más accesible y rápida a través de la tecnología, lo cual, permite a los estudiantes acceder a una gran cantidad de recursos educativos como: artículos, vídeos, plataformas de aprendizaje o bibliotecas digitales.
En mi caso, utilizo Internet principalmente para buscar información de cara a realizar trabajos o estudiar. Además, muchas veces recurro a páginas educativas, artículos o vídeos explicativos que me ayudan a comprender mejor los contenidos. Por otro lado, Internet nos facilita la comunicación con compañeros y profesores para compartir información o resolver dudas, de forma rápida y eficaz. 
Autores como Marc Prensky defienden que los actuales estudiantes pertenecen a la generación de los "nativos digitales", es decir, han crecido con la tecnología y que usan Internet de forma habitual, incluso para su proceso de aprendizaje.
Sin embargo, el uso de Internet en la educación plantea algunos desafíos. Como dice el pedagogo Jordi Adell, uno de los retos de la educación actual es enseñar a los estudiantes a desarrollar un pensamiento crítico para saber seleccionar información fiable entre todos los contenidos que existen en la red, y es que, no toda la información que encontramos en Internet es correcta, por lo que es importante aprender a analizar las fuentes y contrastar los datos.
Otro problema al que nos enfrentamos es que el uso excesivo de dispositivos digitales puede provocar distracciones. Los estudiantes utilizan Internet también para redes sociales, ver vídeos o series, y esto hace que se pierda tiempo que podría dedicarse al estudio. Por eso, es fundamental aprender a utilizar la tecnología de forma responsable.
A pesar de estas dificultades, la integración de Internet y de las TIC en la educación ofrece numerosas posibilidades, como: el acceso a contenidos educativos de todo el mundo, facilita la comunicación entre estudiantes y profesores, fomenta nuevas formas de aprendizaje más participativas e interactivas y posibilita el aprendizaje autónomo, entre muchas otras.
En conclusión, Internet es una herramienta clave en la educación y en la sociedad actual. Su uso puede enriquecer el aprendizaje de los estudiantes siempre que se utilice de forma crítica, responsable y orientada al conocimiento. Como futuros docentes, debemos seguir integrando las tecnologías digitales en la educación, pero enseñando a los estudiantes a utilizarlas de forma consciente para aprovechar todas sus posibilidades.
Castells, M. (2000). La era de la información: Economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. Siglo XXI.
Prensky, M. (2001). Digital natives, digital immigrants. On the Horizon, 9(5), 1-6. https://doi.org/10.1108/10748120110424816
Adell, J. (2008). Educación y aprendizaje en entornos digitales. Editorial UOC.
Laura Díaz Portero
2º Educación Primaria

lunes, 13 de octubre de 2025

RELACIÓN ENTRE LA EDUCACIÓN Y LA SOCIEDAD

La relación entre la educación y la sociedad ha sido siempre uno de los temas más importantes para poder mejorar y avanzar, y que la escuela no solamente sirve para poder enseñar asignaturas, como pueden ser matemáticas o lengua, sino que también es capaz de formar a personas responsables, empáticas, y capaces de cambiar las cosas para mejor.

Me gustaría reflexionar sobre la manera que tiene el colegio de convertirse en un espacio para ayudar a mejorar la sociedad, es decir, aunque todavía no he podido realizar las prácticas en un colegio, en la universidad estoy aprendiendo que los proyectos educativos que se hacen de forma correcta pueden llegar a tener un impacto positivo. Por ejemplo, hemos podido ver ejemplos en donde algunos centros realizan programas donde los niños colaboran con asociaciones para ayudar a las personas mayores o a quienes lo necesitan. Con estas actividades los niños no solo son capaces de entender mejor su situación, sino que también y a su vez se les enseñan valores como son la empatía, responsabilidad y solidaridad.

Además, en muchas ocasiones he podido escuchar “los niños hacen mejor las cosas cuando ven que lo que están aprendiendo les está sirviendo para algo” y es cierto, por lo que muchas escuelas tendrían que usar estos métodos que conecten lo que se les enseña en clase con lo que ocurre en la sociedad.

Por esto mismo, pienso que sería bastante útil que todos los centros probaran a trabajar en equipo con las familias, asociaciones… para que también podamos lograr una educación mucho más inclusiva y que prepare a todos los niños para afrontar los retos que se les propongan.

Esther Rodríguez Alcázar

Esther.Rodriguez16@uclm.es


La imagen anterior fue generada por Grok 3, creado por xAI, con el prompt: "Una imagen representativa de un aula de niños y niñas que aplican la metodología de aprendizaje servicio...". Fecha de generación: 13 de octubre de 2025, 21:10 CEST.

miércoles, 14 de mayo de 2025

La educación es el pilar fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad

Mi nombre es Adrián Zarco Miñano y soy alumno de la carrera de Magisterio Primaria (2º año de carrera).

Después de múltiples estudios consultados y mi propia trayectoria cada día tengo más claro que la educación es el pilar más fundamental para el desarrollo y auge de cualquier sociedad sobre todo cuando el objetivo es conseguir una sociedad más igualitaria y justa, pero para que realmente sea efectivo y pueda llevarse a cabo no podemos dejar de lado la inclusión educativa.

Es imprescindible asegurarse de que todos los alumnos independientemente de sus condiciones físicas, sociales, económicas tenga el derecho a una educación de calidad, si lo conseguimos será un seguro hacía el avance y el progreso social.

Pero debemos tener en cuenta que el término inclusión educativa no se refiere sólo a integrar a los estudiantes en un mismo aula o espacio físico, la inclusión va más allá de la presencia física, lo que debemos conseguir es crear un entorno educativo en el que todos los estudiantes se sientan valorados, respetados y apoyados para poder alcanzar lo mejor de cada uno de ellos, sólo así nos daremos cuenta de que cada uno de los alumnos tiene sus propios desafías y necesidades y cuando se les da la oportunidad de crecer y desarrollarse en un entorno inclusivo nos damos cuenta de que la diversidad realmente no es un problema sino una fortaleza.

La inclusión no beneficia sólo a aquellos alumnos "que necesitan esa inclusión" sino también al resto de compañeros, lo que consigue que aumente el compañerismo, la colaboración y la empatía. En conclusión, se construyen personas capaces de ver más allá de sus propios intereses y de trabajar con sus iguales hacia objetivos comunes siempre basados en la cooperación y el respeto mutuo.

Si analizamos la inclusión educativa a nivel social verificamos que es un motor de transformación para eliminar barreras como la desigualdad y la discriminación porque cuando las personas tienen acceso a una educación que les permite crecer y desarrollarse sin tener en cuenta su origen o situación personal se rompen todas las barreras sociales.

Además, estoy seguro de que una igualdad educativa para todas las personas, sin importar sus circunstancias, mejora el desarrollo a una sociedad más renovadora. La diversidad de perspectivas y talentos que se puede encontrar en una comunidad inclusiva fomenta el pensamiento creativo y la innovación. Esta diversidad de experiencias y puntos de vista puede ser el impulso necesario para resolver los problemas más complejos que enfrentamos como sociedad. Si todas las personas tuvieran las mismas oportunidades educativas, sin importar su contexto, se abrirían nuevas puertas para el progreso colectivo.

En conclusión, creo que la inclusión educativa es más que una moda en las reformas educativas actuales, es una herramienta básica para garantizar que cada individuo tenga en su mano la oportunidad de alcanzar su máximo desarrollo y también para conseguir una sociedad más igualitaria, justa y unida. Por todo ello la inclusión educativa no debe ser sólo el fin de los sistemas educativos sino un compromiso de la sociedad actual que nor permita soñar con un futuro más igualitario donde todos a lo largo de nuestras vidas tengamos las mismas oportunidades de triunfar y ser felices