Esta temática que he abordado junto a María Sendín, me ha permitido consolidar una visión integral sobre cómo las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son el motor definitivo para la inclusión de las personas con discapacidad intelectual (DI). Hemos aprendido que estas herramientas no solo facilitan el acceso a la educación, sino que actúan como mediadoras esenciales para promover la autonomía, la comunicación y, en última instancia, una mejora significativa en la calidad de vida de los usuarios. Como hemos analizado, el impacto es transversal: desde la dimensión educativa, donde permiten ritmos de aprendizaje personalizados, hasta la social, donde herramientas de comunicación aumentativa ayudan a expresar ideas y sentimientos con independencia.
En nuestra investigación, María y yo hemos destacado que la tecnología tiene un impacto emocional profundo, ya que el éxito en tareas digitales refuerza la autoconfianza y la motivación interna del alumnado. Hemos explorado herramientas específicas muy útiles para el aula, como Pictotraductor para la comunicación mediante pictogramas, o programas como SmartBrain y GCompris que potencian funciones cognitivas como la memoria y la atención. Entendemos que nuestra labor como docentes debe basarse en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), garantizando que los recursos digitales ofrezcan múltiples formas de representación y motivación para no dejar a nadie atrás.
Sin embargo, también hemos identificado barreras críticas que debemos superar, especialmente la falta de formación docente específica y la escasa accesibilidad cognitiva en el diseño de muchas aplicaciones actuales. Hemos reflexionado sobre cómo la carga de adaptar materiales suele recaer exclusivamente en el profesor, lo que evidencia la necesidad de un respaldo institucional y una mayor colaboración con las familias para asegurar la continuidad del aprendizaje en el hogar. Para María y para mí, ha quedado claro que la tecnología en el aula debe responder a una planificación lógica y a un objetivo educativo previo para no quedarse en un uso meramente recreativo.
Finalmente, este trabajo nos ha permitido proyectar propuestas de mejora hacia el futuro, como la incorporación de la inteligencia artificial y la realidad aumentada para crear experiencias de aprendizaje más inmersivas y seguras. Concluimos que las TIC no son un fin en sí mismas, sino el instrumento más potente para derribar obstáculos y asegurar la igualdad de oportunidades. Tras esta experiencia compartida, reafirmamos nuestro compromiso con una educación inclusiva donde la tecnología esté siempre, y sin excepciones, al servicio de la persona y sus capacidades.
Fernando Diaz Aguado
Correo de contacto: fdiazaguado18@gmail.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por contribuir con sus comentarios a las entradas de nuestra Revista Digital.