martes, 26 de mayo de 2026

Cambio social y tecnologías de la información y la comunicación en el contexto escolar

 La educación se encuentra en un momento de profunda transformación como consecuencia de los cambios sociales, culturales y tecnológicos que caracterizan a la sociedad actual. En este contexto, la pedagogía adquiere un papel especialmente relevante, ya que permite comprender cómo se producen los procesos de enseñanza-aprendizaje y cómo pueden adaptarse a una realidad en constante evolución. Reflexionar sobre la pedagogía no es únicamente un ejercicio teórico, sino una necesidad fundamental para cualquier futuro docente que aspire a desarrollar una práctica educativa coherente, crítica y ajustada a las necesidades del alumnado.
La pedagogía puede entenderse como la disciplina que estudia la educación y el desarrollo integral de la persona, abarcando no solo la adquisición de conocimientos, sino también el desarrollo de habilidades, valores y competencias necesarias para la vida en sociedad. En este sentido, autores como Edgar Morin (2011) señalan la importancia de educar en la incertidumbre, lo que implica preparar al alumnado para enfrentarse a un mundo cambiante y complejo. Esta idea resulta especialmente significativa en la actualidad, donde los conocimientos quedan obsoletos con rapidez y donde la capacidad de adaptación se convierte en un elemento clave del aprendizaje. Desde mi perspectiva como futura docente, esto supone asumir que enseñar no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en fomentar la capacidad de pensar, cuestionar y aprender de manera autónoma.
La sociedad actual, definida como sociedad de la información y del conocimiento, ha modificado profundamente la manera en la que accedemos al saber. Gracias al desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), el acceso a la información es prácticamente ilimitado, lo que supone una oportunidad sin precedentes, pero también un importante desafío educativo (Fernández Muñoz, s.f.). En este contexto, como señala Area (2012), disponer de información no implica necesariamente poseer conocimiento, ya que este requiere procesos de análisis, comprensión y reflexión crítica. De este modo, la función de la escuela deja de centrarse en la transmisión de información para orientarse hacia el desarrollo de competencias que permitan al alumnado gestionar dicha información de manera adecuada.
No obstante, este nuevo escenario también plantea problemas relevantes, como la brecha digital, que genera desigualdades en el acceso y uso de la tecnología, o la llamada infoxicación, que hace referencia a la sobrecarga informativa a la que estamos expuestos. Estos fenómenos evidencian que no todos los alumnos parten de las mismas condiciones, lo que refuerza la necesidad de una educación inclusiva y equitativa. Desde mi punto de vista, como futura docente, considero que uno de los mayores retos de la educación actual es precisamente enseñar a los alumnos a seleccionar, interpretar y utilizar la información de manera crítica, evitando un consumo pasivo de contenidos.
En relación con estos cambios, la pedagogía ha evolucionado desde un modelo tradicional, centrado en el profesor, hacia un modelo más dinámico y centrado en el alumno. El modelo tradicional se caracterizaba por una enseñanza transmisiva, donde el docente era el principal protagonista y el alumnado adoptaba un papel pasivo, basado fundamentalmente en la memorización de contenidos. Sin embargo, el modelo actual promueve un aprendizaje activo, significativo y orientado al desarrollo de competencias, en el que el alumno participa de manera directa en su propio proceso de aprendizaje. Este cambio está estrechamente vinculado al enfoque del aprendizaje a lo largo de la vida y al desarrollo de competencias clave, tal y como recoge la Comisión Europea (2018).
Asimismo, el Informe Delors establece cuatro pilares fundamentales de la educación —aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser— que reflejan una concepción más amplia y completa del proceso educativo. Estas ideas no son completamente nuevas, ya que autores como John Dewey defendían ya a principios del siglo XX la importancia del aprendizaje basado en la experiencia y la participación activa del alumno. Sin embargo, en la actualidad cobran una especial relevancia debido a las demandas de la sociedad contemporánea. A pesar de ello, considero que todavía existe una distancia significativa entre la teoría pedagógica y su aplicación real en las aulas, donde en muchos casos siguen predominando metodologías tradicionales. Como futura docente, creo que uno de los principales desafíos será contribuir a reducir esta distancia y aplicar de manera efectiva metodologías más activas e innovadoras.
Las TIC han desempeñado un papel fundamental en esta transformación educativa, ya que han introducido nuevas posibilidades metodológicas y han facilitado el acceso a recursos educativos diversos. Entre sus principales ventajas destacan la interactividad, la motivación del alumnado, la flexibilidad en el aprendizaje y la posibilidad de trabajar de manera colaborativa. Sin embargo, también presentan importantes limitaciones, como la distracción, la dependencia tecnológica o los riesgos asociados al uso de internet, como el ciberacoso o la vulneración de la privacidad (Fernández Muñoz, s.f.). En este sentido, Cabero (2015) señala que la tecnología no mejora la educación por sí misma, sino que es el uso pedagógico que se haga de ella lo que determina su valor educativo.
Desde mi perspectiva, esta idea resulta clave, ya que en muchas ocasiones se tiende a incorporar la tecnología en el aula sin una reflexión pedagógica previa. Como futura docente, considero que es fundamental utilizar las TIC con un propósito educativo claro, evitando caer en un uso superficial o meramente instrumental. La innovación educativa no debe centrarse en la herramienta, sino en la metodología y en el aprendizaje que se pretende fomentar.
En este nuevo contexto, el papel del docente ha cambiado de manera significativa. Lejos de ser un simple transmisor de conocimientos, el profesor se convierte en un guía del aprendizaje, cuya función principal es acompañar al alumnado en la construcción de su propio conocimiento. Esto implica diseñar experiencias de aprendizaje significativas, fomentar el pensamiento crítico, atender a la diversidad y desarrollar procesos de evaluación formativa. Además, el docente debe poseer una competencia digital adecuada, que le permita integrar las TIC de manera eficaz y adaptada al contexto educativo (Gómez Barreto, s.f.).
Como futura docente, considero que este cambio de rol supone tanto un reto como una oportunidad. Por un lado, exige una formación continua y una actitud abierta al cambio; por otro, permite desarrollar una práctica educativa más rica, dinámica y adaptada a las necesidades del alumnado. En mi opinión, un buen docente no es aquel que transmite más información, sino aquel que consigue que sus alumnos comprendan, reflexionen y aprendan de manera autónoma.
En el caso de la Educación Infantil, la pedagogía adquiere un carácter especialmente relevante, ya que en esta etapa se sientan las bases del desarrollo cognitivo, emocional y social del niño. El aprendizaje en estas edades debe basarse en la experiencia, el juego y la interacción social, elementos fundamentales para el desarrollo integral del alumnado. Aunque las TIC pueden ser un recurso útil y motivador, su uso debe ser equilibrado y siempre adaptado a las características del niño. En este sentido, Francesco Tonucci destaca la importancia de respetar los ritmos de aprendizaje y de favorecer la experiencia directa como base del aprendizaje infantil.
Desde mi punto de vista, como futura docente de Educación Infantil, considero fundamental no sustituir el juego por la tecnología, sino utilizar esta última como un complemento que enriquezca el proceso de enseñanza-aprendizaje. El contacto social, la exploración y la experimentación siguen siendo elementos esenciales en estas etapas.
En definitiva, la pedagogía actual se enfrenta al reto de adaptarse a una sociedad en constante cambio, marcada por la tecnología y la globalización. Este contexto exige una educación más flexible, inclusiva y centrada en el alumno, donde el desarrollo de competencias adquiere un papel central. El docente, por su parte, debe asumir un rol activo como guía del aprendizaje, integrando las TIC de manera crítica y reflexiva.
Como futura docente, considero que el principal desafío de la educación actual es encontrar un equilibrio entre innovación y tradición, aprovechando las ventajas de la tecnología sin perder de vista la importancia del desarrollo humano y social del alumnado. Educar hoy no consiste únicamente en enseñar contenidos, sino en formar personas capaces de adaptarse, reflexionar y aprender a lo largo de toda su vida.
Educar no es enseñar lo que sabemos, sino preparar para lo que aún no sabemos.
REFERENCIAS (APA 7)
Area, M. (2012). Sociedad digital y educación. Síntesis.
Cabero, J. (2015). Tecnología educativa. Síntesis.
Comisión Europea. (2018). Recomendación del Consejo relativa a las competencias clave para el aprendizaje permanente.
Morin, E. (2011). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
Tonucci, F. (2015). La ciudad de los niños. Graó.
UNESCO. (2015). Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial?
Fernández Muñoz, R. (s.f.). Cambio social y TIC en el contexto escolar.
Material UCLM. (s.f.). Las TIC en la educación actual.
Gómez Barreto, I. (s.f.). Tratamiento de la información y competencia digital en Educación Infantil.


Rocío Villarreal 2º de educación infantil.

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