Actualmente, la brecha digital es un gran problema de los sistemas educativos actuales. Normalmente, se suele relacionar el término con la falta de recursos tecnológicos o de conexión a Internet. Sin embargo, su impacto va mucho más allá. La brecha digital afecta a la igualdad de oportunidades, a la participación social, al desarrollo del alumnado y a la capacidad de los centros educativos para poder ofrecer. En el vídeo “Contra la brecha digital y social en la educación”, el profesor David Calle explica cómo estas diferencias se pueden observar de manera clara en el aula, especialmente tras la pandemia del Covid-19. A partir de su experiencia y de entrevistas que he realizado a mi entorno familiar, esta entrada analiza cómo la brecha digital afecta a personas de distintas edades y que influye directamente en la educación.
En el vídeo “Contra la brecha digital y social en la educación”, David Calle menciona situaciones reales que ha vivido con su alumnado durante la pandemia, y que continúan estando en las aulas actuales. Calle comenta que muchos estudiantes no tenían ordenador propio o tenían que compartir uno con sus hermanos o padres, por lo que se les hacía mucho más complejo seguir las clases que al resto de compañeros. Otros no tenían conexión a Internet o dependían de datos móviles, lo que en algunas ocasiones les obligaba a elegir entre asistir a clase o cubrir otras necesidades.
De la misma manera, un elemento que suele pasar desapercibido pero que también afecta en gran medida es el espacio físico que el alumnado tiene a su disposición. Muchos de ellos no disponían de un lugar tranquilo para estudiar, lo que afectaba a su concentración, motivación y rendimiento. Esta falta de herramientas necesarias no solo afecta a su aprendizaje, sino que también puede generar emociones negativas como frustración o ansiedad, especialmente cuando ven que otros compañeros sí que tiene estas herramientas.
Como menciona David, la pandemia nos permitió ver que la brecha digital es una realidad que está presente en las aulas y que necesitan de una atención integral urgente por parte de todo el equipo docente en conexión con las familias, ya que el acceso a la tecnología depende del nivel socioeconómico de las familias, de su situación laboral y de la estabilidad del hogar. Por tanto, si la tecnología no es un recurso neutral, se convierte en un factor que amplía las diferencias entre estudiantes.
Además, como menciona Calle la brecha digital no se define solo por la posibilidad de acceso, sino también por el uso. No todas las familias tienen los conocimientos digitales necesarios para manejar plataformas educativas, organizar un trabajo digital o resolver problemas tecnológicos. Por tanto, muchos estudiantes no cuentan con el acompañamiento necesario, afectando a la autonomía e influyendo en el rendimiento académico.
Para complementar el análisis del vídeo, realicé una pequeña entrevista a mi entorno más cercano, en concreto a mis abuelos maternos, ambos de 79 años, y a mis padres, ambos de 47 años, con el objetivo de ver cómo diferentes generaciones entienden la brecha digital y qué experiencias personales han vivido. Sus respuestas me permitieron ver que la brecha digital no solo afecta a los contextos educativos, sino también a la sociedad en general en su vida cotidiana.
Comenzando con mis abuelos, coincidieron en que la tecnología avanza tan rápido que no se han podido adaptar a las nuevas realidades tecnológicas, quedando “atrasados” como menciona mi abuela y sin la posibilidad de realizar muchos trámites sin ayuda de sus hijos o sus nietos, como pedir una cita médica o usar el banco. Algunas de sus frases que se clavaron en mi mente fueron: “Ahora todo se hace por Internet y quien no sabemos, nos quedamos fuera” y mi abuelo afirmó “Nos sentimos mal cuando tenemos que llamarnos o tenéis que venir a casa para hacer trámites que antes hacíamos solos”. Estas palabras reflejan la brecha digital por edad, en la que la falta de formación y la rapidez de los cambios generan dependencia, inseguridad e incluso aislamiento.
Por otro lado, mis padres reconocieron que aunque actualmente las tecnologías les facilitan la vida, hace unos años atrás dependían de personas con mayor formación digital para hacer trámites educativos, para acceder las primeras veces a aulas virtuales o para adaptarse a la realidad digital los primeros años. Además, mencionan que no todas las familias pueden permitirse comprar dispositivos, tener buena conexión en casa o formación digital para ayudar a sus hijos con tareas educativas. También, mis padres comentaron que aunque ahora las tecnologías les permiten acelerar trámites y poder hacerlos desde casa en lugar de tener que ir a establecimientos a hacerlos, asumen que en un principio fueron contextos desconocidos para ellos y que necesitaron años para adaptarse a los cambios que ha introducido la era digital. Algunas de sus ideas fueron: “Si tú no tuvieras portátil, ¿no podrías hacer nada en la universidad” o “En algunas ocasiones nos ha dado miedo no hacer vuestros trámites del colegio de manera correcta” o “Hay algunos niños que tienen de todo y otros no”. Esto conecta con lo que explica David Calle en el vídeo: la brecha digital no es solo económica, sino también cultural y educativa.
En conclusión, a través de las experiencias de mis familiares y el vídeo de David Calle me hacen reflexionar que la brecha digital es un problema que afecta a todas las edades en mayor o menor medida, que condiciona la autonomía de toda la sociedad, desde hacer trámites hasta estudiar, que si no se controla de manera adecuada puede provocar que las tecnologías sean una desventaja en lugar de una ventaja, especialmente en familias con menos recursos y que tienen un componente emocional, ya que influyen directamente las emociones de la sociedad, como el miedo, la inseguridad, la frustración o la dependencia.
Irene Aranda Maroto.
2ºA de Educación Primaria
irenearanda2006@gmail.com o irene.aranda3@alu.uclm.es
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