Tras otro curso en el grado de Magisterio en Educación Primaria, cursando las asignaturas de Pedagogía y Sociología, hay algo que cada vez tengo más claro: la educación no empieza ni termina en el aula. No es un lugar cerrado ni un sistema aislado. Es algo que está completamente conectado con la sociedad, con la vida real. Y, en mi opinión, es imposible entender una sin la otra.
Esto se debe a que la educación no funciona en vacío. Todo lo que rodea a los niños y niñas entra en el aula, aunque no se diga en voz alta. Sus familias, su entorno, lo que ven en redes sociales, las conversaciones que oyen, las experiencias que viven, los valores y los mensajes que transmite la música que escuchan… todo eso influye en cómo aprenden, cómo se relacionan y cómo entienden su realidad. Y al mismo tiempo, la escuela también influye en la sociedad, pues forma parte de ella y la transforma poco a poco. Por eso, hablar de educación es también hablar de sociedad.
Uno de los temas que más me hace reflexionar dentro de esto es la desigualdad. En teoría, la escuela debería ser el lugar donde todos tienen las mismas oportunidades. Pero la realidad es más compleja y muy diferente. No todos los niños y niñas llegan con las mismas condiciones, ni con el mismo apoyo de parte de sus padres, ni con los mismos recursos tecnológicos o materiales para enfrentarse a las demandas de las actividades de las clases. Y eso, claramente, influye en su proceso de aprendizaje.
Y ahí es donde debemos entender la importancia real de la educación: no debemos concebir el concepto como solo transmisión de conocimientos sino como una oportunidad para construir experiencias más justas dentro de una realidad que para mucho no lo es.
También creo que el papel del docente va mucho más allá de lo académico. Ser maestro o maestra no es solo enseñar los temas teóricos y evaluar, es aprender a mirar a cada alumno o alumna como la persona diferente que es, con su propio ritmo de aprendizaje, su propia historia, con sus propios problemas, complejos, personalidad y necesidades. Lo cual, obviamente, es complicado debido al ratio tan alto de alumnos que hay en las clases de Primaria de España hoy en día, pues no es solo una realidad, sino 24 conviviendo al mismo tiempo. Por lo tanto, nosotros como futuros maestros y maestras debemos saber adaptarnos constantemente, además de saber observar, escuchar y actuar de forma correcta para poder dar una respuesta adecuada a todos nuestros niños y niñas.
Siguiendo con el tema tratado en los anteriores párrafos, la escuela no solo enseña asignaturas. Enseña a vivir con otros. Es como una sociedad en miniatura donde se reproducen jerarquías, dinámicas sociales y los roles que existen ya en la sociedad completa. Pero no todo es malo, la escuela también nos enseña a respetar, a convivir, a trabajar en equipo, a resolver conflictos… Esto tiene un impacto enorme, porque lo que se aprende en la infancia y adolescencia, determina muchas veces en gran cantidad el cómo será una persona en el futuro o qué patrones de comportamiento tendrá en sus relaciones personales.
Otro factor a tener en cuenta, es que la tecnología ha cambiado muchísimo la forma en la que los niños aprenden y también la manera en la que la escuela se relaciona con la sociedad. Ahora los niños tienen información todo el tiempo a su alrededor. Ven vídeos, usan redes sociales, buscan cosas en internet… y muchas veces aprenden fuera del aula casi sin darse cuenta. Por eso el profesor ya no tiene solo la función de explicar temas, porque la información ya está en todas partes. Lo importante ahora es enseñarles a entender lo que ven, a pensar un más por sí mismos y a tener cuidado con todo lo que consumen en internet, porque no todo es fiable ni todo les influye de forma positiva. Educarles en el uso responsable de la IA y de las redes sociales puede ser un paso favorable hacia una educación digital más responsable.
Aparte de eso, creo que muchas veces se deja de lado algo fundamental: cómo se siente el alumno. Si un niño está a gusto en clase, siente confianza con el profesor y no tiene miedo a equivocarse, va a aprender muchísimo mejor. En cambio, cuando alguien se siente mal, ignorado o incómodo, eso también afecta al aprendizaje aunque no se vea a simple vista. La salud mental de nuestro alumnado debe ser un aspecto fundamental que los docentes debemos tener en cuenta si queremos tener un buen clima en clase y para que sus resultados académicos no se vean afectados por esta atmósfera.
Por eso educación y sociedad están totalmente unidas. La escuela no es solo un sitio donde se estudian asignaturas, también es el lugar donde los niños empiezan a formar su manera de pensar, de relacionarse con los demás y de ver el mundo. Y todo eso acaba teniendo consecuencias en la sociedad del futuro, porque los niños de hoy serán los adultos de mañana.
Carlota Gutiérrez López-Rey
2ºA Magisterio de Educación Primaria.
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