Me ha llamado la atención como conecta este cambio social con la educación, me ha dado por pensar en la gran responsabilidad que tenemos entre manos. A veces, los maestros y futuros maestros como yo nos olvidamos de que en realidad la escuela es un reflejo de todos los cambios que ocurren fuera.
Esa idea de que estamos en una sociedad de la información donde los cambios son evolutivos y repentinos me ha llevado a reflexionar, pensando en el ejemplo de que llevamos años viviendo cambio evolutivo con la entrada de la tecnología en las aulas (tablets, pizarras táctiles), algo que ha ido involucrándose en nuestra forma de enseñar, aunque también hay cambios repentinos como por ejemplo el gran COVID, que hace que el ritmo escolar se rompa. Además, podemos observar que factores como los avances tecnológicos cambian por completo a los niños y niñas.
Este avance de la tecnología personalmente me asusta, me da miedo, realmente ¿nos sustituira la tecnología? ¿Qué podemos aportar nosotros si ya hay información en todas partes?.
La clave para esto es querer llegar a lo más alto, no solo siendo transmisores de conocimientos, sino enseñando a nuestros alumnos a ser críticos y a gestionar la intriga.
Un handicup que juega en nuestra contra, son las terribles dificultades de adaptación al cambio que nos encontramos en el sistema educativo. Mientras la sociedad de la información avanza sin parar, el sistema educativo tiene estructuras mucho más rígidas y lentas. A veces, esta dificultad de adaptación no es solo por falta de recursos, sino por una falta de organización. Nos encontramos con leyes educativas que cambian cada pocos años , pero que no siempre van acompañadas de una formación para los docentes.
Para indagar más sobre esta reflexión, como bien señala González Brito (2017) en su análisis sobre la relación entre educación y sociedad, no podemos entender nuestra labor docente simplemente como una respuesta adaptativa a las dinámicas externos. Es fundamental que, como futuros profes, dejemos de ser simples 'mandados' que solo siguen el libro de texto y las normas, y pasemos a ser personas que piensan por sí mismas para ayudar a mejorar la sociedad desde clase.
Siguiendo las tesis de autores como Giroux o Apple, el cambio social en el aula debe orientarse sobre tres ejes fundamentales:
- Valorar lo que viven los alumnos: No podemos enseñar cosas que no tengan nada que ver con su vida. El aprendizaje de verdad ocurre cuando conectamos los temas de clase con lo que ellos ven y sienten en su día a día.
- Darle un nuevo sentido a lo que decimos: Lo que contamos en clase influye mucho. No debemos presentar la tecnología o la economía como algo "que es así y punto", sino enseñarles a dudar y a hacerse preguntas sobre cómo funcionan esas cosas.
- Compromiso con la sociedad: No estamos aquí solo para enseñarles a usar un ordenador o a leer. Nuestra meta final es que salgan de la escuela sabiendo cómo participar y ayudar a que el mundo sea un lugar más justo para todos.

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