martes, 19 de mayo de 2026

LA EDUCACIÓN ES TAREA DE TODOS

Muchas veces se tiene el concepto erróneo de que la educación depende solo de la escuela o de los maestros, pero la realidad es mucho más compleja de lo que se cree que es. La educación de un niño o una niña depende de muchas personas y espacios, su familia, el profesorado, el barrio en el que viven, las asociaciones, los servicios sociales, su círculo cercano, como amistades o compañeros en actividades extraescolares, o incluso la propia sociedad. Por eso es tan importante tomar en cuenta que cada cosa de la vida del niño forma parte de su desarrollo y esta idea se debe de utilizar para poder crear una buena comunidad de aprendizaje y una convivencia escolar sana y positiva.   
Desde mi perspectiva, uno de los mayores retos actuales de la educación es hacer que los niños crezcan en un entorno donde se sientan escuchados, respetados y acompañados. El conseguir esto es crucial para que los niños consigan aprender los contenidos bien. El plan de convivencia de los centros educativos tiene esta finalidad, la de crear espacios seguros donde aprender a convivir, dialogar y respetar las diferencias. Pero esto no se puede conseguir solo por medio de los profesores ya que muchas de las veces que la convivencia falla hay problemas sociales, familiares o emocionales detrás de ellos y  esto es algo que va más allá del aula. 
Por ello considero que la participación de las familias es fundamental, ya que cuando estas participan en la escuela, en las actividades, proyectos conjuntos o acuden a las tutorías los alumnos ven la relación entre la escuela y su hogar de una forma más cercana. Esto les hace tener mayor seguridad y favorece valores como el respeto, la responsabilidad y el compromiso. Hay algunas iniciativas, como la escuela de padres, que son especialmente importantes para ayudar a mejorar la comunicación y ofrecen herramientas para afrontar dificultades educativas y emocionales.  
Además, la escuela no debería de ser un lugar cerrado, aislado de la realidad social, sino que debería de convertirse en un foco cultural y social dentro de la localidad. Al participar asociaciones, servicios sociales y otras personas del entorno los niños verán estas colaboraciones y podrán aprender cómo forman parte de la comunidad y podrán aprender que convivir significa también participar, ayudar y sentirse parte de algo más grande. 
Muchas veces solo se habla de la convivencia de la escrófula cuando hay problemas o poleras, pero esto es mucho más que eso. También consiste en enseñar a los niños a respetar a los demás, ayudar, escuchar y aprender a trabajar juntos. Esto no se aprende solo a través de los libros sino viendo buenos ejemplos en casa, la escuela y en la sociedad. 
Como conclusión es necesario que las escuelas trabajen junto a las familias y a los entornos sociales de los niños, no dependiendo sólo de los profesores, para que sea más humana, cerna e inclusiva. La educación necesita una comunidad, ya que los niños no aprenden solos y necesitan poder convivir con los demás para tener una buena educación. Cuando todos colaboran, la escuela se convierte en un lugar más cercano humano y mejor para todos donde los niños pueden crecer como persona y aprender a vivir con los demás.
Ángela García Velasco
2º Educación Primaria

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