jueves, 4 de abril de 2013

Contra las doctrinas, a favor de la buena educación



Agustín Chozas Martín
Inspector de Educación
Profesor de la Facultad de Educación de Toledo (UCLM)


Discutir  a estas alturas que la España del pasado siglo y del actual necesitaba modernizar su sistema educativo resultaría fuera de lugar. Sin embargo, resulta imprescindible poner en cuestión si la modernización y actualización ha seguido el camino apropiado o, por el contrario, se ha enredado en una maraña de sofismas hasta el punto de que nada sea lo que parece.

El mejor ejemplo de la comedia de enredo en la que, unos y otros (diremos luego quiénes son unos y otros) han convertido la educación en la inabordable selva legislativa que las reformas y el tribalismo educativo ha generado, como prueba casi irrefutable de incapacidad, ignorancia e inseguridad.



Pretenden estas líneas apuntar y analizar algunos de los sofismas más frecuentes con los que las oligarquías de diverso signo han terminado  por ocultar los genuinos problemas sociales, morales, económicos y políticos de la educación disfrazándolos con una respuesta educativa presuntuosa y equivocada por desconocimiento de la realidad.

1.-La educación en el mercado

Uno de los inventos más celebrados por las élites dirigentes es la reducción de los complejos problemas educativos al corsé de tópicos como “educar para la excelencia”, “educar la eficacia y la eficiencia”  o simplezas por estilo, exportadas de un lenguaje mercantilizado que impone una finalidad pragmática, que responde a la obsesión por el triunfo y, lo que es peor, que olvida el papel determinante del  sujeto, de sus condiciones y, por encima de todo, de sus reales limitaciones.

Pedir a estos nuevos sacerdotes del mercantilismo que consideren que el acto educativo es un acto social y más complejo de lo que su simpleza intelectual alcanza a entender parece ser pedir demasiado…

2.-Una minoría no puede determinar qué sea el bien común, el de todos

¿Cómo es posible que unas ideologías decimonónicas ,nacidas (en algunos casos ) incluso para redimir al hombre de su miseria terminen siendo  las que en el siglo XXI, enfangadas en sus propias miserias y en los intereses de  oligarquías ,en muchos casos los raquíticos partidos político, dicten qué debe ser la educación que conviene a los ciudadanos ? Hay muchas razones para no dar por suficiente la legitimidad democrática si ésta oculta el valor de la legitimidad social o la legitimidad de ejercicio en favor de los otros.

¿Existe alguna razón de peso que obligue a la persona a aceptar el discurso educativo de bastardas oligarquías de poder en detrimento de valores y virtudes públicas como la dignidad, la equidad o la responsabilidad?  ¿Es posible tal degeneración democrática?
Las servidumbres  impuestas por los poderosos afectan también a un tipo de educación que ya no piensa en la minoría desigual, sino y solamente en la minoría dominante.
 
3.-La verdad de los antiguos

Si se defiende que la educación es ante todo un bien social tampoco faltarán las aves de rapiña, de permanente presencia en la historia, para imponer  sus concepciones. No estará de más, por ello,  apoyarse en la verdad argumental de los antiguos para hacer valer una línea de pensamiento que ha recorrido el tiempo sin demasiada fortuna. Ya Aristóteles se refería a la  capacidad de los hombres  para practicar la virtud pública, la concordia civil  o el amor a lo público cuando instaba al “cuidado de la casa y de la ciudad”. Apuntaba así a un hermoso concepto de la educación como cuidado propio, como cuidado de los demás y no como una realidad impuesta secularmente en la que priman la asociación de intereses, el utilitarismo y el resultado inmediato.

En una dirección convergente, Tocqueville apuntaba a la necesidad de dejar de lado lo que se  basa en honores y privilegios, en la aristocracia en una palabra, para dejar paso a la tensión igualdad-libertad

Con Freud se abre la puerta a la  transgresión y a las  sociedades permisivas en las que los débiles son más débiles

Norbert Elías ha sido siempre un autor rotundo: la humanidad se ha civilizado y descivilizado. La buena educación es civilización, no puede someterse a coyunturas e intereses miserables

Hanna Arendt recupera la necesidad de una buena sociedad que no puede aceptar en su seno a los enemigos de la misma. Se subraya un concepto de lo común como pilar de una sociedad buena y nuevas referencias morales y educativas como el republicanismo cívico, las virtudes cívicas, el  pluralismo radical y la talla moral de las personas

4.-Educación: caminos a ninguna parte

No obstante, las razones poderosas son casualmente las razones de los poderosos: existe solamente una “única educación”, la educación de los interesados.

Por si fuera poco, la ignorancia que genera la permanente información o la frecuente reducción a la simpleza de la comunicación, por obra y gracia de la frivolidad de las redes sociales, deja la educación sin el necesario análisis de las causas y la convierte en un personaje secundario en el escenario social .De este modo, los grupos humanos se blindan ante el riesgo de tener que tomar decisiones de compromiso.

Que se haya producido el destierro de monoteísmos y politeísmos ha facilitado el hueco al dios de la banalidad educativa, de manera que cualquier discurso político al uso da prueba de ello, de la acumulación de lugares comunes y de vaciedades, en una palabra, de una pobreza cívica imperante.

La reducción a la grosería de las recetas para ser feliz  de saberes necesarios como la psicopedagogía frivoliza también la educación y
si las aspiraciones de la Europa ilustrada caminaban en la dirección de un hombre  moralmente soberano nos encontramos ahora en la instalación de  modos capitalistas radicalmente amorales y con su consiguiente contagio en la instancia educativa

5.-La buena educación no puede estar en el mercado, es decir, secuestrada

Lejos quedan las exigencias reiteradas de la OCDE para que en el entramado educativo se sumen tanto los componentes que constituyen la exigencia básica del servicio público como la existencia de un marco legal, de mecanismos de responsabilidad, de liderazgo y jerarquías y la necesidad de códigos de conducta e instrumentos de socialización.

Del mismo modo, y en lo tocante a los profesionales que ejercen el servicio y el bien públicos en la educación, están definidos parámetros fundamentales como el servicio a la sociedad, la reclamación del control sobre el trabajo hecho y la oposición al intrusismo, la existencia de información sobre los derechos de los educandos ( usuarios), la  conciencia social del servicio como no prescindible, la vinculación colegiada entre profesionales, la necesidad de conocimientos avanzados y conocimientos técnicos, la capacidad de realizar diagnósticos y proponer soluciones, entre otros.

Igualmente, la educación como algo más que un mero servicio público por importante que sea  necesita de unos organismos de supervisión basados en el prestigio y competencia profesionales, como antídotos contra la dependencia, necesita sistemas de trabajo con criterios conocidos, justificados y duraderos, criterios neutrales y simétricos (iguales para todos los iguales) y capacidad de persuasión moral y de negociación.

6.-La buena educación y la desigualdad de los humanos

Una conciencia desdichada de los valores primeros ha facilitado que las redes del liberalismo voraz hayan atrapado el progreso de una sociedad hacia la bondad, lo que equivale en última instancia a frenar la marcha de una buena educación.

Ni el uso público de la razón ni el frecuentemente aludido  “principio de caridad” que conduce a la compasión han impedido que la aspiración ilustrada de una educación universal haya devenido en una educación autista, ensimismada y secuestrada por los “pocos que se creen todos”, por  la insoportable petulancia liberal incapaz de reconocer la complejidad y globalidad de una buena educación.

Si la buena educación no se asienta en una buena sociedad en la que quepan principios (Kant) , pactos (contractualismo) y consecuencias (utilitarismos) desde el punto de vista de una moral cívica; si la educación no interioriza la contaminación y el mestizaje humanos,  la derrota ilustrada será inevitable y la zanja de la desigualdad todavía mayor.

¿Por qué las doctrinas liberales (tan liberales ellas) no dejan de imponer sus dictados a quienes no las comparten?
¿Por qué las doctrinas socialistas (tan envejecidas ellas) no dejan de imponer sus dictados a quienes no los comparten?

7.- Suma y sigue

Los anteriores apuntes no dejan de ser meras anotaciones necesitadas de un posterior análisis y un desarrollo argumentativo. si bien la idea básica pretende ser inequívoca : Hay razones para dejar la educación a los concernidos, dejar de utilizar la educación  como moneda de cambio, dejar de tomar decisiones sin importar qué se decide ,dejar de faltar al respeto a los genuinos profesionales de la educación y no conocer al trasfondo de su trabajo, para escuchar a los protagonistas reales y aprender sus necesidades ( las familias y los alumnos también existen ), para reconocer de una vez que la educación está más allá de los servicios públicos y debe responder al principal de los bienes cívicos, el bien democrático y comunitario.

 Lecturas a favor de la buena educación

La obra de la profesora A. Cortina resulta de lectura obligada para superar la desmoralización reinante que tanto afecta a la buena educación. “Hasta un pueblo de demonio”, Taurus,  Madrid, 1998 es una buena muestra.
Se acaba de publicar  el libro de S. Giner “El origen de la moral, Ética y valores en la sociedad actual,”, Península, Barcelona, 2012.Con maestría .se apuntan valores que el sistema educativo no enciclopédico ha de recuperar
“Calidad de la democracia en España, una auditoría ciudadana” de B. Gómez Fortes y otros, Ariel, Barcelona, 2010, analiza las claves del estado de derecho, referencia básica para una educación como bien, y el papel de la sociedad civil, imprescindible para evitar la apropiación indebida e interesada de la educación

 Primavera de 2013


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