jueves, 10 de enero de 2019

Reflexión intensa sobre el Practicum I

El día 29 de noviembre iba a hacer las encuestas sobre las TIC a los alumnos de mi clase, pero no pude hacerlo porque me reclamaron para estar con los alumnos de 2º A de Primaria ya que su profesora tutora no pudo asistir por motivos de salud. He pasado el día con estos niños y he disfrutado muchísimo. He dado dos clases de Religión (una a cada 2º) y he disfrutado mucho tratando con cada niño, viendo sus dibujos, sus trabajos, escuchando sus historias.

He podido observar que la corrección comportamental de los alumnos dentro del aula es más importante y debe realizarse más delicadamente y sutilmente cuanto más pequeños son los niños.

Debe realizarse profesionalmente siempre, en todos los cursos, pero es cierto que cuando son más pequeños, la sutileza y el refuerzo positivo de aquellos niños que se portan adecuadamente resulta mucho más útil y más eficaz que el castigo positivo a los alumnos que se comportan erróneamente. 

Es imprescindible tener mucha paciencia para saber omitir nuestra atención hacia actos de los niños que no son adecuados o que resultan impertinentes dentro del aula. Al mismo tiempo he de resaltar que cuando se aplique una corrección a un alumno de corta edad, se le debe hacer con mucho cariño, si se les pone de pie, por ejemplo, para corregir el que estén distrayendo a otros, o actuando mal, se les debe decir que siempre son muy buenos, y que mañana lo harán bien , pero que hoy justamente han tenido peor comportamiento y se les tiene que ayudar a no distraerse (digo esto porque he visto el ejemplo mismo llevado a cabo por un profesor de forma maravillosa).

También destaco una conversación que tuve con uno de los profesores encargados de cuidar a los alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo. Me comentó la conducta comportamental de algunos alumnos del colegio y la actitud de los padres de esos alumnos ante las mismas. Esta conversación me emocionó bastante puesto que llegué a la conclusión de que la labor del maestro no es solo bonita, también puede llegar a ser dolorosa y frustrante, puesto que, al pasar los niños a ser parte de tu vida, y tú pasar a ser parte de la suya, se establecen lazos afectivos bastante fuertes. Esto es bueno obviamente, pero tiene malas consecuencias cuando tienes alumnos con problemas de comportamiento y que tratan mal a sus compañeros, y tú con todo tu cariño quieres corregir esos actos, les educas, les comprendes, les cuidas, les regañas y sueñas y luchas por hacer que sean buenas personas, empáticos, más responsables… pero entonces los padres de estos niños llegan y les premian por comportamientos que tú tratas de corregir. Cuando se dan estas circunstancias el sentimiento de impotencia del maestro es enorme. Y me he dado cuenta de que en mi futura labor no todo van a ser sonrisas, por desgracia también serán lágrimas. Aunque nosotros tengamos la misión de educar a los niños, este objetivo será siempre alcanzado mayoritariamente por los padres, y no importa lo que nosotros podamos hacer en muchas ocasiones, ya que siempre habrá en el mundo personas carentes de valores deformadas por la sociedad que contagien esa falta de valores a sus hijos. Esta reflexión, sinceramente, me ha llenado de tristeza, pero me ha hecho aprender muchísimo.                     



Por Iria Gálvez Trigo, alumna de 3ºA del Grado de Magisterio de E.P. de la mención de TICE.
Fuente de imagen 1   imagen 2

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